Artículo

MujeryNegocios.com.ar


Por  Soy tu Biblioteca – Elba Machado- Recreo Literario- Contáctese 

“Un recuerdo Navideño” Truman Capote
 

Voy a contarte o al menos a sintetizarte, el cuento más lindo que he leído en los últimos tiempos. Busqué en mis estantes y encontré
Cuentos Inolvidables según Julio Cortázar y hojeándolo descubrí “Un recuerdo navideño” título que me atrapó, tal vez porque casi todos tenemos un recuerdo navideño.

En 100 escritores del siglo veinte Domingo Ródenas nos dice que la infancia de Truman Capote, autor de este cuento, ha sido decisiva en su formación como escritor. Al separarse sus padres, cuando él sólo tenía cuatro años lo envían a Monroeville (Alabama) donde se cría con sus tías. La sensación de abandono materno lo persigue siempre, influyendo en la formación de un carácter introvertido e inseguro que busca refugio en los libros.

“A Christmas Memory” (“Un recuerdo navideño”) fue publicado en la revista “Mademoiselle” en 1956 siendo reconocido por Truman Capote como uno de sus cuentos favoritos. En él trata el tema de la amistad y la sensibilidad de la adolescencia e introduce personajes inspirados en la vida personal del autor.


El narrador del relato nos invita desde el comienzo a imaginar una mañana de invierno, de hace veinte años, en una cocina de un caserón de pueblo. Viven allí, además de otras personas una mujer de sesenta y tantos años con un primo lejano, un niño de siete años, quién, coincidentemente, es el narrador de la historia. Cada uno de ellos es el mejor amigo del otro y aunque los demás habitantes de la casa con frecuencia los hacen llorar, ellos no los tienen demasiado en cuenta. La mujer llama al niño, Buddy, en recuerdo de otro niño que antiguamente fue su mejor amigo y que murió
siendo pequeño. En ese preciso momento la mujercita exclama:
“ -¡Vaya por Dios, ha llegado la temporada de las tartas de frutas!”
E inmediatamente pide al niño que deje de comer galletas, que la ayude a encontrar su sombrero, y que busque el carricoche porque tienen que salir a buscar pacanas (las pacanas son árboles de América del Norte) para preparar treinta tartas.

Aclara el narrador que todos los años, en noviembre, pasa lo mismo y que son también las mismas, las palabras de la amiga.
Así, con el sombrero de paja y el antiguo corsé de rosas, la mujer y el niño
guían el carricoche, que no es más que un desvencijado cochecito de niño, y se dirigen al camino de la arboleda de pacanas.

De regreso en la casa, descascarillan las pacanas y preparan el dulce hasta que se hace la noche. Durante la cena, piensan en lo que a Buddy más le gusta: ir al día siguiente a comprar cerezas, jengibre, vainilla, piñas, pasas, nueces, whisky, harina, mantequilla, huevos especias…pero hay que pensar en el dinero. Sólo tienen lo que los demás habitantes de la casa les dan de vez en cuando y lo que se ganan con actividades diversas. Entre unas cosas y otras van acumulando cada año sus ahorros navideños: el Fondo para Tartas de Frutas que guardan en un lugar secreto, debajo de la cama de la amiga de Buddy. Sólo usan ese dinero para darle a Buddy diez centavos los sábados para ir al cine, y para las tartas. La mujer nunca va a ningún lado, prefiere que el niño le cuente las películas porque, según dice, las mujeres de su edad no deben malgastar la vista porque así, cuando llegue el momento y se presente el Señor podrán verlo bien
La amiga de Buddy es de una bondad extrema, jamás ha hecho mal alguno y por el contrario, mató una serpiente de dieciséis cascabeles, la más grande vista en el condado, domesticó colibríes, cultivó las camelias más bonitas del pueblo y aprendió las recetas curativas más antiguas de los indios, entre otras cosas.

Terminada la cena, los amigos sacan del escondrijo el monedero que contiene según sus dudosos cálculos 12,73 o 13 dólares. Por si acaso, tiran un centavo por la ventana porque creen que el 13 es un número que puede hacer fracasar las tartas. Luego visitan a Mr. Jajá Jones una persona que no tiene buena reputación en el pueblo. El niño y su amiga nunca lo han visto pero en esta oportunidad, es el mismo Jajá quien los recibe y les pide dos dólares por el whisky, finalmente termina entregándoselos solicitando a cambio una tarta.

A los dos amigos, la presencia de Jajá los intimida, pero de regreso a casa comentan que les ha caído muy bien. Vuelven a su tarea y al cabo de cuatro días, treinta y una tartas se tuestan al sol en estantes y alféizares de las ventanas. Terminado el trabajo entregan las tartas; algunas las despachan por correo, no siendo precisamente amigos los que las reciben. Se trata de personas que apenas han tratado, gente a la que en algunos casos, ni siquiera han conocido: el presidente Rooselvelt, el reverendo Lucey de Borneo, el afilador que pasa dos veces al año, Abner Paker que cuando llega de sus viajes los saluda con la mano, los Winston, que al averiarse su coche frente al portal, permanecieron una hora charlando con ellos y les sacó la única foto que conservan. Esos son sus más auténticos amigos. Entre sus recuerdos tienen notas de agradecimiento de la Casa Blanca, postales del afilador, además de comunicaciones que recibieron de California y de Borneo. Todo eso los hace sentir relacionados con mundos situados muy lejos de la cocina.
Con el gasto de los sellos, el monedero ha quedado vacío y Buddy se deprime, pero su amiga se empeña en celebrar el acontecimiento con los dos centímetros de whisky que han quedado en la botella.; a Queenie le echan un poco en el café (le gusta aromatizado con achicoria y bien cargado) y dividen el resto en un par de vasos de gelatina. El sabor les provoca estremecimientos pero pronto comienzan a cantar; cada uno una canción diferente y también bailan. Buddy comprende que eso es lo que quiere ser: bailarín de claqué de películas musicales. Queenie rueda y patalea en el aire. Se sienten alegres, ardientes, chisporroteantes por dentro, como los troncos en el hogar, como el viento en la chimenea. Entran dos parientes muy enfadados, y retan severamente a la amiga de Buddy, ella se avergüenza y se va corriendo al cuarto. Queenie se esconde debajo de la estufa. Durante la noche, la amiga llora sobre la almohada y Buddy le suplica que no lo haga que está vieja y ella responde que llora por eso, porque es vieja y ridícula pero el niño le aclara:
-“Ridícula no. Divertida. Más divertida que nadie. Oye, como sigas llorando, mañana estarás tan cansada que no podremos ir a cortar el árbol”.
Ella se endereza y con entusiasmo dice que irán a buscarlo al bosque, a un lugar muy lejos, de donde hacía cincuenta años, traía su padre los árboles de Navidad.

A la mañana siguiente parten. Luego de sortear arroyos, dos kilómetros de erizos, espinas y zarzas que se les enganchan en la ropa, un camino serpenteado y otro arroyo, finalmente llegan. .Aromáticas extensiones ilimitadas de árboles navideños sorprenden a Buddy. Luego de llenar sus bolsas de verde y rojo para adornar la casa se disponen a elegir el árbol. Se quedan con uno alto para que ningún chico pueda robarle la estrella. En el camino de regreso, el árbol despierta la admiración de la gente que le pregunta dónde lo encontraron, pero la mujer contesta con imprecisión. Una persona le ofrece cincuenta centavos para comprárselo, pero ella se niega. Finalmente llegan a la casa. Lo siguiente será adornar el árbol. Buscan en el baúl de la buhardilla tiras de armiño de un antiguo tapado, una estrella de plata, bombillas con forma de velas y fabrican con papeles de estaño que quedaron de chocolates, ángeles alados. Con otros papeles de colores arman, gatos, peces, manzanas. Luego colocan coronas de acebo en las ventanas e inventan regalos para la familia. Tanto Buddy como su amiga preparan en secreto el regalo que se harán. Cada uno sabe lo que quisiera regalarle al otro pero no pueden hacerlo por falta de dinero y entonces ambos preparan una cometa, como el año pasado, porque son muy buenos para hacer volar las cometas. Siempre la tarde anterior a la Nochebuena consiguen veinte centavos y le compran un hueso a Queenie, que colocan en la parte más alta del árbol y allí permanece la perrita mirándolo hasta el día siguiente.

Esa noche Buddy no puede dormir y su amiga tampoco. Ella se pregunta si los Roosevelt servirán la tarta en la cena, luego se acuesta al lado del niño, le dice que lo quiere y le pregunta si seguirán siendo amigos cuando él fuera grande.
“-Siempre- responde Buddy”.
Los dos confiesan que han hecho una cometa para el otro y se ríen.
Son los primeros en levantarse y con mala intención, la amiga de Buddy deja caer un cacharro en el suelo de la cocina. Uno a uno aparecen los parientes, con caras de querer asesinarlos. Toman un desayuno lujoso pero el niño y su amiga no pueden probar bocado, tanta es la impaciencia por llegar a los regalos. Buddy recibe calcetines, una camisa para la escuela, pañuelos, un yersey usado y una gran desilusión; su amiga, una bolsa de mandarinas y un chal de lana blanca del que está orgullosa.
Luego le dirá que el regalo que más le gustó fue la cometa que le hizo él.
Como hay viento, en cuanto pueden, salen al prado que está cerca de la casa y sueltan sus cometas Queenie corre a esconder su hueso en ese mismo prado en el que, al año siguiente, descansará para siempre.

Allí también descubre la amiga de Buddy que la llegada del Señor no será como ella la había imaginado: como cuando el sol se cuela a chorros por los cristales de colores, tan luminoso que no te enteras que está oscureciendo. Ahora comprende que cuando llegue el final, la carne sabe que el Señor ya se ha mostrado en las cosas, tal como siempre se han visto.
Esa fue la última Navidad que los amigos pasaron juntos. Los demás han decidido que el lugar de Buddy está en un Colegio Militar. De allí en más se suceden cárceles a toque de corneta, y campamentos a toque de Diana. Buddy tiene otra casa, pero para él no cuenta, su casa está allí donde se encuentra su amiga.

Ella sigue haciendo sus tartas, sola, sin Quennie. Siempre manda a Buddy la mejor y dentro de cada carta enviada va una moneda de diez centavos para que fuera a ver una película. Poco a poco, en sus cartas tiende a confundirlo con el otro Buddy, el del siglo pasado, hasta que llega una mañana de noviembre en que no tiene fuerzas para decir que ha llegado la temporada de las tartas de frutas. Y cuando eso ocurre, Buddy lo sabe y siente que ha perdido una parte insustituible de sí mismo, dejándola suelta como una cometa cuyo cordel se ha roto.
Quiero dejarte el bellísimo final del cuento en palabras de Buddy:
“…Por eso, cuando cruzo el césped del colegio en esta mañana de diciembre, no dejo de escrutar el cielo. Como si esperase ver, a manera de un par de corazones, dos cometas perdidas que suben corriendo hacia el cielo”.

No he interrumpido el relato para que no perdieras el hilo conductor que desde luego, tratándose de una síntesis, no llega a expresar la ternura que el cuento encierra.
“Un recuerdo navideño” es el fragmento de una gran historia de amor. El amor que se profesan una mujer mayor y un niño. En ningún momento se entrevé un amor de madre a hijo. Este es un amor de amigos, de compañeros, de cómplices. Las edades tan lejanas entre uno y otro, en lugar de alejarlos los acerca. Sólo existen ellos, los demás no cuentan.
Coinciden en gustos, en preferencias. Ninguno de los dos parece tener familia, carecen de esos afectos, por eso se recordarán siempre y por eso es tan penosa la separación. Una historia de sólo dos personas que llenan todos los huecos de la existencia, esos vacíos insondables que sólo ellos pueden descifrar.
Creo que Capote ha querido inmortalizar un momento agridulce y conmovedor de su infancia y lo ha conseguido ¿no te parece?
Me encantaría que lo leyeras y lo disfrutes tanto como yo lo he disfrutado.



Por Soy tu Biblioteca – Elba Machado-Recreo Literario

Los conceptos vertidos en los artículos publicados en MujeryNegocios.com.ar, representan la opinión de los autores y no necesariamente reflejan el criterio MujeryNegocios.com.ar.
MujeryNegocios.com.ar declina toda responsabilidad que pudiera derivarse de la lectura y/o interpretación del contenido de los artículos publicados

Capacitacion Virtual Publicite aqui Cursos para emprendedores volver a www.MujeryNegocios.com.ar