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Por  María Blanca Galimberti, Estudio María Blanca Galimberti & Asociados - Contáctese 

Empresas de Familia, sobrevivencia y rol en el siglo XXI – Parte 2

LA “ESPIRITUALIZACIÓN” DEL MANAGEMENT,
 

La empresa para enfrentar los desafíos que plantea la era de los grandes cambios, debe volver a ser, conforme el señalado “principio del ritmo”, una organización en la que “empleados y gerentes, ejecutivos y obreros por igual, con carácter altamente cultivado, que entiendan la lealtad [1] y promuevan la inventiva, que se sientan seguros con el cambio y sean maestros en el arte de lo paradójico de integrar los resultados y el corazón, y lo hagan por el bien de la superación de su propia alma, por la satisfacción profesional, no por que el negocio los amenaza si fracasan”.

LA ÉTICA COMO MARCA DE CALIDAD DE UNA EMPRESA ASÍ COMO DE VALOR UNIVERSAL DE LAS NUEVAS GENERACIONES Y SUS GOBERNANTES.

La ética -como aquella parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre- constituye una guía de valores y virtudes para la excelencia humana. Cuando el hombre hace de ella su modo de vida, su “cultura” , actúa en base a esos valores y virtudes.

La ética, entonces, juega un papel importante para el hombre, en su relación con los demás hombres y con el universo. Y así la ética, refiere tanto a los gobiernos como a las empresas, ya que éstos, en última instancia, son un reflejo de los valores de quienes los integran.

La ética –como deber ser- es el hilo conductor de toda persona, empresa o gobierno. Es el eje de la relación entre ciudadanos, socios -familiares o no- empleados, clientes y proveedores.

En este nuevo siglo la empresa ética es la empresa del futuro por razones “de dignidad humana, de lógica empresarial en el proceso de globalización y de socialización del conocimiento” . La empresa que ha encontrado su ethos, y por tanto posee una sólida base conformada por principios y valores, puede aspirar a tener éxito en sus gestiones, así como a perdurar a través de las generaciones, en tanto y en cuanto, éstas –las generaciones- mantengan su ethos –el de la empresa. Tal perdurabilidad –o sobrevivencia- sólo se logra con una activa, comprometida y responsable participación de los integrantes de la empresa - miembros de la familia o no- en todos los aspectos que conciernen a la misma: sean estos de organización, administración, producción o de contralor.

La realidad cotidiana nos confronta con el no ethos o sea la corrupción. Corrupción que, presente en todos los estratos de la sociedad, ocasiona no solo grandes pérdidas materiales sino de toda índole.
Lograr una cultura empresarial y gubernamental que contribuya a crear “ethos” es una marca de calidad y una ventaja competitiva.


Por María Blanca Galimberti, Estudio María Blanca Galimberti & Asociados

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