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Marco Denevi

Cartas Peligrosas


¡Hola, otra vez juntas! ¡Te extrañé mucho!.
Hoy elegí para vos un cuento magistral.
Cuando el talento de un escritor es notable, no importa internarse demasiado en el contenido del cuento para interpretarlo. Lo que importa es la estética, la escritura, los recursos expresivos, cómo hizo el autor para captar el interés del lector. Todo eso lo encontrarás en este cuento de Marco Denevi.
Como siempre te digo, léelo, te pierdes mucho si no lo haces. No te prives de disfrutar de la buena literatura y recuerda que lo que te ofrezco es sólo una reseña del cuento.
Ahora lo iremos repasando y repensando juntas. Empecemos:

Tununa, la protagonista del cuento “Cartas peligrosas,” recibe de manos del ordenanza un sobre en el que se leía:” Para la señorita Tununa,” y más abajo: “Estrictamente personal” En el dorso del sobre pudo ver las iniciales D.C. y una dirección: Pichincha 2110 piso 2° departamento 12. No reconocía a nadie que viviera en esa calle ni que su nombre coincidiera con esas iniciales. Tununa demoró en leer esa carta hasta el mediodía debido a sus ocupaciones. Supuso que quien se la había entregado al ordenanza del Banco donde ella trabajaba, no conocía ni su apellido, ni su dirección.

¿Qué es lo primero que pensás? ¿De quién se trata? A mí se me ocurre que es alguien que sabe que Tununa trabaja allí, ¿un compañero tal vez?

Leyó la carta y supo que quien la escribía era Donald Corey, que estaba preso y que le escribía desde la cárcel. Recordó que Corey hacía un año que no era cliente del Banco, también recordó que era un inglés que no se parecía en nada a un inglés, bajo, gordo, con la cabeza rapada, de temperamento sanguíneo y extrovertido que se vestía con telas brillantes de colores fuertes, con mucho oro encima y tanto perfume que apestaba. Hablaba como un porteño y usaba palabras del lunfardo. Era muy popular en el Banco, saludaba a todo el mundo, hacía bromas y era muy simpático. Manejaba gruesas sumas de dinero.

Evidentemente su aspecto y su temperamento estaban lejos de parecerse a un inglés y no es casual que el autor lo remarque.

Cuando canceló su cuenta corriente y dejó de hacerse ver, su desaparición fue muy comentada. Y ahora esa carta desde la cárcel… Tununa se preguntaba por qué a ella. Aunque no fueron amigos, solamente el trato entre cajera y cliente, él hacía diferencias en los regalos de fin de año. Siempre el más importante era para Tununa.

Nuevos interrogantes se abren y son el recurso para hacer la narración intrigante.
Al cerrarse una duda puesto que ya “creemos saber” quién es Donald Corey, Marco Denevi nos plantea otras: ¿Por qué ese trato preferencial con Tununa? ¿Qué hizo ese hombre para estar encerrado?

Luego de varias lecturas, sin poder enterarse del delito cometido por Donald, Tununa llegó a la conclusión de que no teniendo familiares ni amigos, lo que quería el convicto era cartearse con alguien, seguramente luego le pediría que lo visitara y esto la indignó.
Tununa estuvo todo el día inquieta, temía a ese hombre y a lo que se trajera entre manos
.
La reacción de Tununa es consecuencia de la confusión en la que se encuentra. Alguien que conoció se presenta con nombre y apellido pero no responde al recuerdo que tiene de él. Vemos cómo a través de la fabulación del hombre también comienza a fantasear Tununa. Él jamás le ha pedido que lo visitara, por lo tanto puede inventarse una personalidad diferente. Tununa supone que nunca lo verá porque su condena es perpetua. Entonces también ella comienza a mentir sobre su persona
.
Volvió a leer la carta y le sorprendió que estuviera tan bien escrita, no podía asociarla con la persona que ella conocía. Esa carta delicadamente escrita le descubrió a Tununa que Corey habría cometido algún error, tal vez en sus negociaciones, pero que de ninguna manera podía tratarse de un asesino. También creyó entrever que siempre había estado enamorado de ella.
“La ausencia de afectos y las humillaciones recibidas dentro de la cárcel por presos y guardianes hizo que Tununa se compadeciera y decidiera contestarle.
Cuando iba por la mitad de la carta ya se había olvidado del Donald Corey pelirrojo, de hombros de boxeador y un metro y medio de estatura, y le escribía a un personaje imaginario, novelesco, a una suerte de bandido romántico injustamente encerrado dentro de una mazmorra”

La verosimilitud, la insistencia de Donald sobre su persona esa especie de ficcionalización de sí mismo atrapa a Tununa hasta el punto de olvidarse del verdadero Donald Corey y aceptar como verdadero al extraño.
Fijate que el trabajo del supuesto personaje actúa sobre Tununna , como el cuento actúa sobre nosotros; creemos en lo que nos dice.

Terminó la carta y volvió a sorprenderle ver una dirección con el número de piso y departamento como si se tratase de un edificio particular y no de una cárcel. Días después pasó por Pichincha y Caseros y comprobó que la dirección, efectivamente correspondía a la cárcel.
Sucesivas cartas hicieron que Tununa llegara a pensar que el Donald que le escribía no era el mismo que ella había conocido. Hasta en su aspecto físico las señas dadas por el recluso no coincidían. Temió estar equivocada y habló con sus compañeros de trabajo, todos lo recordaban del mismo modo que ella.

Sabemos que pasa algo raro. Un hombre se está haciendo pasar por otro con el cual no tiene nada en común
.
Decidió no escribirle nunca más. Los pensamientos volaban haciéndole creer que Corey para nada bueno se le había acercado. Rogaba que dejara de escribirle. Luego de veinte días de no enviar ni recibir ninguna carta, llegó un nuevo sobre. El tono de la carta era como el de la primera. Un Corey angustiado, preocupado por perderla, bañado en llanto, hizo que Tununa respondiera despótica, triste, apasionadamente. Las cartas se reanudaron y se hicieron más íntimas, se contaban todo, lo que hacían, lo que pensaban, lo que sentían.
En cierta oportunidad, Corey le pidió que se escribieran como si fueran novios porque las autoridades del penal decidieron que los “reclusos sin manga” sólo podían recibir correspondencia de parientes, o a lo sumo de alguna novia. No supo que significaba “reclusos sin manga” pero teniendo en cuenta que en nada la afectaba decidió simular ser la novia de Corey. Luego de varias cartas, en las que cada uno ponía el ardor de su pasión, Tununa se dio cuenta de que a Corey no le leían las cartas puesto que si no él no hubiera declarado la mentira de ese noviazgo. Sin embargo, le siguió el juego. Ya no le llamaba la atención que él le dijera que era alto, de espaldas anchas, morocho y de ojos grises.
De ese espejismo se enamoró Tununa.

Un día llegó una carta breve en la que Donald le decía que el lunes lo soltaban y que iría a saludarla.

Nuevo recurso literario que nos deja boquiabiertas. Un desenlace que no esperábamos ¿no te parece? Por fin descubriremos quién es Donald Corey

Ese lunes llamó al Banco para decir que estaba indispuesta y que no iría a trabajar.
Se tiñó de rubia (que es como le había dicho a él que era) se hizo un peinado que la rejuvenecía, se maquilló, se puso su mejor traje, sus tacones de diez centímetros de altura, no probó bocado, se sentó en un sillón y lo esperó. A las nueve de la noche oyó la chicharra del portero eléctrico y en el auricular una voz masculina nombrándola. Oprimió el timbre, luego encendió dos lámparas del living, puso en el tocadiscos “Extraños en la noche”. Oyó el ruido del ascensor y el timbre. Abrió la puerta y allí estaba Donald Corey: joven, alto, esbelto, pálido, con su pelo negro y sus ojos grises. Tununa le tendió los brazos.

El juego, lo inverosímil, aquello de lo que Tununa había dudado, se había hecho realidad porque ella lo había creído.

A la mañana siguiente el encargado le trajo una carta que entre otras cosas decía:
“El abogado no me consiguió la excarcelación”... “Deberemos seguir esperando”.
Tununa quedó largo rato con la carta en la mano, releyéndola hasta que volvió al dormitorio. “Allí, el hombre de pelo negro y ojos grises, dormía despatarrado, sin una
cobija que le cubriese la espléndida desnudez”
Tununa rompió la carta y la arrojó por la ventana, cuidando de no hacer ruido para no despertar a Donald Corey.

¿Qué te pareció? A mí me parece maravilloso. Un final inesperado, impensado.
No será que el ruido que no quiere hacer Tununa es para no despertarse ella misma.
¿Ha sido todo lo narrado realidad? El cuento es verosimil, pero ¿podemos pensarlo como verdadero? ¿Los personajes dicen la verdad? ¿Es creíble la carta? ¿Cuál es el verdadero Donald Corey? ¿Y si detrás del convicto hay un guardia policía o un recluso policía sin mangas?

Al finalizar la lectura comprobamos, como mencioné al principio, que no es tan importante lo que se ha dicho sino cómo ha sido dicho y qué sensaciones nos ha producido.
Cuando un cuento despierta tantos interrogantes, mueve nuestra imaginación, estimula nuestro razonamiento y permite que con la interpretación escribamos nuestro propio cuento, su autor es un genio.

Quiero contarte algo sobre Marco Denevi. Es el autor de Rosaura a las diez, Los Expedientes, El Emperador de la China entre otras grandes obras.
Recibió un premio en Estados Unidos por Ceremonia Secreta, novela corta que fue traducida al inglés, al italiano y al japonés. En 1968 fue filmada e interpretada por Elizabeth Taylor, Mia Farrow y Robert Mitchum .
Según Marco Denevi su biografía, limitada a los hechos exteriores, carece de todo interés. Para él no hay otra biografía que la del espíritu, y ésta se resiste a hacerse pública.

Espero que hayas pasado un momento agradable. Yo lo pasé.

Por Elba Machado – Soy tu Bibilioteca – Recreo Literario

 

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