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Por Carolina Aubele - Contáctese con Nosotros   __________________________________________ 

 

 Packaging laboral - Comunicación no verbal en el ámbito de trabajo

En los ámbitos de trabajo, los factores que proporcionan seguridad son fundamentales tanto en la elección del vestuario como en la imagen en general.

En relación con la imagen que queremos dar en el trabajo, el punto de partida consiste en definir quiénes y cómo somos, cuáles son nuestros objetivos y adónde queremos llegar. En segundo lugar, determinar cómo queremos que nos vean los demás.

Algo fundamental es definir la filosofía de la empresa en la que se trabaja, su identidad y su perfil. Un empleado forma parte de ese universo y es una extensión de él; tiene que proyectar una imagen positiva, sólida y eficiente, siempre en relación con la empresa. Trasladada a su imagen personal, esa conciencia hará que se vea como parte de ella.

La locación del trabajo es otro aspecto a considerar: no es lo mismo una oficina en pleno centro que en una zona periférica de la ciudad o en una zona rural. De todas formas, en empresas como bancos, líneas aéreas o compañías aseguradoras, rigen las mismas normas de vestimenta cualquiera que sea la sede de trabajo.

Algunas empresas son más tradicionales que otras en las reglas del vestir, como los estudios jurídicos, las grandes consultoras y todas las vinculadas con la seguridad y el dinero. Y aunque hay empresas con códigos más  flexibles, es muy útil decodificarlos: por más libres que parezcan, siempre existen, y salirse de la línea suele tener consecuencias.

También hay que tener en cuenta el cargo que se ocupa y las aspiraciones que se tienen. Nunca hay que verse como alguien de un puesto menor, pero vestirse como la más alta autoridad de la empresa no es elegante.

Una secretaria que viste y actúa como la dueña de la empresa está definitivamente fuera de lugar y genera incomodidad en el equipo de trabajo. Por más altas que sean nuestras aspiraciones, debemos lucir de acuerdo con el cargo que ocupamos.

Ocuparse de la indumentaria laboral es una inversión que da réditos. Quienes invierten en su imagen laboral se muestran más comprometidos con su trabajo y, de hecho, esa inversión los compromete.

Vestirse para ir al trabajo no debería ser un automatismo como lavarse los dientes. Lo ideal es dedicar un rato la noche anterior para elegir la ropa y verificar el estado en que se encuentra. Los detalles no contemplados nos muestran descuidados, desinteresados y perezosos. Resolver el vestuario la noche anterior también nos da tiempo para romper con la rutina de vestirse todos los días igual, sin desubicarnos.

Carolina Aubele  Fragmento del libro Secretos del vestidor Editorial Aguilar