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Por Elba Alicia Machado - Contáctese con Nosotros            

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La vida de nuestros hijos

¡Hola!
Me alegro mucho de encontrarte ya que en general la gente que me consulta se ha ido de vacaciones. Es alentador reencontrarse con los amigos.
Bueno, te cuento que durante este tiempo de descanso he pensado con frecuencia en esas cosas de las que mucho se habla y nada se investiga, por ejemplo del tormento de las madres que durante las vacaciones sufren la ausencia de sus hijos que salen hacia los lugares de diversión. Ellas suelen permanecer despiertas o mal dormidas esperando el regreso del hijo/a que sale como muy temprano a las dos de la mañana y regresa a altas horas de la madrugada.

El problema es que esas salidas suelen generar discusiones entre padres e hijos debido al control que, mediante celulares, realizan los progenitores para saber si sus hijos han llegado al lugar de destino, si van a permanecer allí o irán a otros lugares, si subirán al coche de otro amigo, si ese amigo bebe, si su propio hijo bebe.

Todos estos controles se condicen con otras tantas recomendaciones que suelen agotar a los jóvenes y, por repetidas, también a los padres.
Yo quisiera decirles a los padres que hay un momento en la vida en que los hijos se escapan de sus manos. Es una etapa de socialización, cuando ya crecidos, salen de la casa familiar hacia otros círculos. Es también el tiempo de encuentro con sus congéneres abandonando su condición de niños para afrontar el rango de hombres o mujeres adultos. Pero para llegar a asumir esos roles deberán sortear algunos obstáculos. Justamente, son esos obstáculos los que tratan de evitarles sus padres, ayudándolos a quitarlos del camino, pero eso no sirve, el joven quiere darse la cabeza contra la pared porque ese es el único modo de recibir el golpe; sin golpe no hay dolor y sin dolor no hay aprendizaje.

La educación ya fue impartida, el rechazo a la protección se hace evidente y no hay camino de retorno. Aunque los padres los sigan viendo pequeños, ellos han crecido y las pautas y los límites les pertenecen. El joven está en su plenitud y establece su elección. Puede elegir lo correcto o lo incorrecto, lo moral o lo inmoral, la abstención o la adicción, la cordura o la imbecilidad. Si los valores recibidos son intachables elegirá la virtud, si, por el contrario, predomina la ausencia de valores, caerá en la corrupción y hasta en el delito. En este caso algo ha fallado. El ejemplo familiar suele ser el modelo que tomarán para el enfrentamiento con el mundo.

Un joven puede, al principio de su periplo por la vida, marearse, confundirse. Se le han abierto las puertas de la libertad y ese mareo y esa confusión son necesarios. Cuando no se conocen los riesgos, los peligros no existen; del mismo modo, jamás sabremos sobre lo oscuro si no conocemos lo claro. Es el momento de querer verlo todo, lo bueno y lo no tan bueno, momento de pruebas, de éxitos y fracasos; sólo acercándose a los grandes problemas se encuentran las soluciones. Es también el momento de no interferir para que ellos mismos tamicen, filtren sus pensamientos y sus actos. Cada uno elegirá su propio destino. Si el camino recorrido hasta allí, desde la cuna hacia adelante, ha sido el adecuado, probablemente la elección tarde o temprano será la correcta. Muchos dirán que a veces no todo depende de la educación y el afecto familiar, sino que suele ser el contexto, las relaciones sociales que entablan los jóvenes, las que decidirán por ellos. Yo creo que las raíces de un árbol sano dependen de su origen, del riego y de la fertilización y ese árbol no sólo crecerá sano y fuerte sino que de esa misma raíz surgirán sus retoños.
De igual modo, el hombre de bien suele tener sus raíces fortalecidas por el pasado y difícilmente logren transformarlo y mucho menos derribarlo.

Por todo lo dicho quiero sugerirles a esos padres, que deben adaptarse a los nuevos códigos. El mundo no puede regirse por pautas perimidas; aunque los valores no cambian, cambia el accionar. En consecuencia, un joven, ya sea del sexo femenino o masculino tendrá arraigados esos valores en su interior, podrá equivocarse una vez pero nunca se equivocará dos sobre una misma cuestión. Por supuesto muchos dirán que esa primera vez puede ser decisiva, yo opino que en la gran mayoría, la vida da otra oportunidad, así que cuando los hijos salen de casa lo único que les queda a sus padres es encomendarlos a Dios y rezar por ellos. Todo lo demás está fuera de sus manos, especialmente en estos tiempos en que les toca vivir.
Por eso padres, relájense, y confíen no sólo en ellos sino también en lo que ustedes les han impartido. No se ha podido antes, no se puede ahora ni se podrá en el futuro encerrarlos en una cabina de cristal para que sólo miren pasar la vida al lado de la gente “apropiada”. No es posible.
Si han trabajado con amor y dedicación, el día de mañana podrán recordar a sus hijos los versos de Amado Nervo, con un pequeñísimo cambio:
Hijo nada te debo, hijo estamos en paz.


Esto es lo que quería comentarte, perdón por no compartir con vos ningún texto célebre, pero en una biblioteca hay de todo y algo encontré entre mis estantes que llamó mi atención. Eso, sumado a los comentarios de quienes se me acercan, fueron las fuentes de mi trabajo.
Agradezco que te hayas interesado por mi relato, tal vez a alguien lo ayude.
No olvides que siempre te espero.


Soy tu Bibilioteca – Recreo Literario
Elba Alicia Machado.