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Por Lic. Elba Machado - Recreo Literario - Contáctese con Nosotros 


La figura en el tapiz

De nuevo juntas! es una alegría inmensa encontrarte y compartir nuestras charlas literarias. Pensé mucho en vos antes de elegir el cuento “La figura en el tapiz” de Henry James perteneciente a su libro: La Figura en el Tapiz y Otros Cuentos. Espero que te guste, siempre trato de elegir lo mejor y me pareció que si nunca leíste nada de este autor, vale la pena que lo hagas.

La historia es simple pero rica en interpretaciones. Cuando leas tendrás que poner atención a todo, cada palabra forma parte de ese todo y tiene un significado especial. Como siempre te digo, debajo de las palabras subyacen contenidos que las sobrepasan,debajo de las palabras está lo real, aquello de lo cual habla James en gran parte de su obra.

¿Alguna vez pensaste qué es lo real? ¿Será posible descubrir lo real?
Veamos que pasa con nuestro cuento y luego volveremos a este punto.
La literatura es el ejemplo más claro acerca de lo real y de lo no real.
En “La figura en el tapiz” encontramos a un crítico al que se le presenta la oportunidad de escribir un artículo sobre la novela más reciente de Hugh Vereker. En realidad, el elegido para ese trabajo era George Corvick, pero debía efectuar un viaje y como no había leído la obra, le pide a su amigo, el crítico, que lo escriba como si fuera él. Corvick pretendía que su amigo descubriera “esa cosa”, ese placer que provocaba en él toda la literatura de Vereker.

El artículo se publica y Corvick le envía un mensaje a su amigo desde París, malhumorado, porque no estaba conforme con lo que había escrito sobre la novela de Vereker.
El crítico es invitado por Lady James a su casa en Bridges, lugar al que asiste también Vereker, éste, no sabiendo quién había escrito el comentario sobre su novela, expresa:
-“¡Oh está muy bien…, los disparates de siempre...Es un artículo encantador…lo que digo es que el autor no ve nada…Nadie ve nada.”

El frustrado crítico, se marcha a su cuarto, pero en el camino encuentra a Vereker, que ya se había enterado quien era el autor de la nota. El novelista, no sólo se excusa por lo dicho, sino que además, le revela cosas importantes acerca de su novela. Elogia el artículo declarando que es agudo e inteligente pero que no roza siquiera su “pequeño punto”. Al hablar de su pequeño punto aclara que es la cosa en particular por la que había escrito sus libros, la cosa que a cada escritor lo hace consagrarse a su trabajo, su objetivo, su pasión, la parte del trabajo en la que brilla más intensamente la llama del arte. Consideraba necesario comprender la idea del conjunto y dejar al crítico que descubriera lo esencial. Según Vereker, el gritaba en cada uno de sus libros esa intención que era su gran secreto, la gran atracción de su vida, pero nadie la había descubierto y se sentía decepcionado.

Acicatear el interés de un hombre de letras, es provocarlo, y eso sucedió con el crítico, quien en un primer momento hurgó por todos los recovecos verbales para conseguir más información de parte de Vereker, llegando a la conclusión de que no obtendría nada del tesoro que el autor guardaba para sí. Por un tiempo trató de encontrar el secreto en la lectura de todos los textos de Vereker pero fue inútil, a causa de eso, abandonó el intento por absurdo. Buscó a su amigo Corvick y le contó toda la conversación que días atrás tuviera con el escritor. Los detalles no asombraron a Corvick, quien aclaró que desde un principio supo que en Vereker había más de lo que podía leerse y ese “más” era lo que le había pedido que descubriera en el artículo escrito para The Middle. Como es de suponer, Corvick comienza a dedicarse de lleno al estudio del enigmático autor. Le cuenta a su novia Gwendolen, todo lo trasmitido por el amigo y juntos emprenden la tarea de buscar el secreto escondido.

Corvick lo halla, estando lejos de su casa y de Gwendolen, y envía un telegrama anunciando la buena nueva pero sin adelantar nada al respecto. Decide que sólo hablará del tema, cuando la “autoridad suprema,” Vereker, confirme su hallazgo.

El amigo y la novia reciben la noticia del éxito y de una nueva postergación de la revelación; sólo la conocerían cuando Corvik y Gwendolen se casaran. Hubo, además, una exigencia: Corvick trabajaría con “la figura en el tapiz”, dicho de otro modo, con el gran secreto, revelándolo y descifrándolo de manera exhaustiva en un texto que estaba escribiendo, y no quería que su amigo lo molestara con preguntas antes de su publicación. Lamentablemente, Corvick muere durante su luna de miel. El crítico pierde a su mejor amigo, y con él la revelación del secreto. Decide entonces visitar a la viuda con el fin de saber si Corvick había podido terminar el trabajo sobre Vereker y la mujer le dice que apenas lo había comenzado. Desde luego el crítico le pregunta si había “oido lo que ambos deseaban oir” (el secreto) y ella le responde que sí pero que se lo pensaba guardar para si misma”

El descubrimiento de ese misterio se transforma en una obsesión para el crítico que llega a pensar en casarse con la mujer del amigo, para obtener la información. Comienza a frecuentarla, a tener largas charlas con ella y vuelve a preguntarle que es lo que ella sabe, pero la negación de la respuesta es rotunda.

Por esos días muere Vereker y unos meses después su mujer. Por su parte, Gwendolen, entabla relación con Drayton Deane, un periodista que se ocupa de comentar sus escritos, y también el último texto de Vereker. Todos estos sucesos y el casamiento de Gwendolen con Drayton Deane, hacen suponer al crítico que la única opción que le queda a su búsqueda, es el renunciamiento.
Sin embargo, la obsesión suele ser un estado fijo y siempre encuentra a quien perseguir, es así como el crítico comienza a poner su interés en Deane quien al transformarse en el marido de Gwendolen podría ser el nuevo depositario del secreto.

Luego de algunos intentos frustrados abandona nuevamente la causa y años después se entera de la muerte de Gwendolen; el suceso renueva su interés y acude nuevamente a la única persona capaz de resolver la incógnita: el viudo.

Sus preguntas son directas, Deane se muestra confundido y asombrado. Su mujer nunca le había dicho nada acerca del secreto de Vereker ni del hallazgo de Corvick. Al principio, el crítico cree que le miente, que le oculta la verdad, pero enseguida comprueba que el hombre está mortificado por la falta de confianza de su mujer. La humillación, el asombro y la curiosidad de Deane, resultan un consuelo para el crítico que cierra el relato reconociendo que: “….hay momentos en que siento que esa es mi venganza”.
Este relato que Henry James tituló “La figura en el tapiz” podría haberse llamado Historia de una obsesión, pero ya verás cómo el autor a elegido el mejor título para su obra. Lo ideal es que lo leas, tiene mucha más riqueza de la que mi síntesis pueda aportarte.

Para aclararte un poquito este cuento quiero partir de la palabra texto, cuya raíz es text- que es la raíz del latín y de “textura” cuya definición es: manera de estar pasados los hilos de un tejido, manera de estar combinadas o trabadas las partes. Un tapiz está tejido, tiene una textura y sus hilos forman una figura. Esto mismo es perfectamente aplicable a un texto literario que también entrelaza hilos y forma figuras. Como ves, el título del cuento encaja perfectamente con lo que su autor nos quiere decir.
Como sabrás, la literatura es la más enigmática de las representaciones y como tal depende de lo real y de lo no real, algo que a Henry James siempre lo ha apasionado. Entonces, nos preguntamos de nuevo ¿qué es lo real? ¿Será posible descubrir lo real?

En el caso del cuento “La figura en el Tapiz” se podría suponer que el secreto del escritor y el placer que su lectura produce en los demás, estaría en la forma, o en el contenido, o en la estructura. También podría estar en un aspecto: uso de la metáfora, o de la paradoja, en fin, las posibilidades son infinitas y siempre nos quedaría la duda acerca de si es real nuestro hallazgo y aún más, si es real el secreto del autor. En Literatura la certidumbre y la duda se toman de la mano.

Te preguntarás en dónde aparecen estos contrarios en el cuento. El hecho de constituirse en un texto artístico-literario ya nos pone frente a algo ficcional, es decir, ante algo fingido, simulado, inventado, no totalmente real ni totalmente irreal. En el cuento hay un secreto que no se descubre nunca, se nos dice que alguien es el dueño de ese secreto, pero jamás se revela, luego aparece un personaje que cree haberlo descubierto y lo corrobora con el autor pero se lo guarda para sí, de este modo, el secreto va pasando de unos a otros, sin ser revelado nunca al lector. El narrador de la historia duda de que alguna vez haya existido tal misterio, piensa que ha sido un invento del primero que habló de “su secreto” y de los demás que aseguraron haberlo escuchado. El secreto está relacionado con la figura en el tapiz, como lo llaman de manera metafórica, los personajes. Es decir, la figura en el tapiz existe, lo que no se sabe si existe es el secreto. Evidentemente el relato quiere hacernos creer que hay un secreto y que alguien sabe cuál es, pero por otra parte, al no ser revelado, dudamos de que realmente exista. Y todo esto que conforma el relato nos parece tan verosímil, que todo aquello de lo que dudamos o de lo que creemos, hace al relato; esto es precisamente la ficción, el juego entre lo real y lo no real que siempre aparece en una pieza de teatro, en una novela, en un cuento o en un cuadro. La dualidad real- no real siempre constituye el hecho artístico y el hecho artístico en literatura, siempre lleva el sello de la realidad, es decir, de la vida.

En El Arte de la Novela Henry James nos dice que: “una novela es….una impresión personal y directa de la vida con libertad para sentir y decir”, desde el punto de vista de la escritura y también desde el punto de vista de la lectura. O sea que el escritor tendrá total libertad para escribir así como el lector tiene absoluta libertad para interpretar.

Esto significa que cuando el escritor escribe, todos sus recursos son válidos, eso es libertad de escritura y cuando el lector lee todas las interpretaciones son posibles.
Si vos leés, seguramente encontrarás cosas que yo no encuentro y si yo leo veré cosas que tal vez vos no veas o no compartas, porque tu realidad no es la mía y viceversa.
Entonces ¿qué es lo real?....

Dice James: “Lo especial de cómo un artista trabaja es su secreto…no puede exhibirlo como algo general aunque quisiese; se encontraría perdido para enseñárselo a los demás”.
De este modo, creo yo, que el secreto del autor solo él lo conoce, jamás podremos descubrirlo porque nunca podrá expresarlo.

Finalmente Henry James nos aclara que la historia y la novela o la idea y la forma son como la aguja y el hilo para el sastre, no se puede emplear el hilo sin la aguja o la aguja sin el hilo.
Con estos pocos conceptos podemos entender mejor el cuento que hemos tratado hoy.
Nuestro novelista trabajó la trama (historia-novela) y dibujó la figura (idea-forma) con total libertad. El cuento podrá gustar o no pero algo es indiscutible, este cuento es literatura pura, sólo analizable desde la literatura como les agradaba hacerlo a los formalistas rusos. Y como James dice, nunca podrá ser develado el secreto que tanto querían descubrir los personajes, esa “cosa” que hace de una historia algo tan sugestivo y fascinante. Tal vez se pueda percibir pero no se puede trasmitir. El cuento nos habla de la imposibilidad de penetrar ese fuego divino que sólo le pertenece al autor.
Es bueno que sepas que Henry James durante medio siglo de obstinadas experimentaciones formales logró encontrar la perfección estilística.

Según Borges, sus relatos son más interesantes que sus novelas.
Y ahora un dato que más que un dato es un chisme, el abuelo de Henry James se puso a negociar con sal y tabaco con tanto éxito, que al morir dejó a su familia ¡tres millones de dólares! (pensá que estamos hablando de mediados del siglo XIX). A pesar de ser los padres de James, doce de familia, les bastó para constituirse en una familia adinerada. Nunca llegaría el escritor, con su enorme producción, a reunir semejante fortuna pero trascendió lo material siendo inmortal a través de su obra.

Disfruté mucho de tu presencia, no sé si te gustó este cuento, pero es cierto que aunque es lo que yo deseo, no todos serán de tu agrado y sería muy bueno que me lo transmitieras, o que me dijeras qué autores y qué tipo de relatos, son los que más te gustan.
Cuando quieras… aquí estoy, te espero.
 

Por Lic. Elba Machado - Recreo Literario
 



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