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Por Victoria Aloisio Lic. en Psicología, Psicodramatista, Educadora en Sexología - Contáctese con Nosotros 

Conciliación entre vidas sin tiempo

Relato de una “time freak”

Soy Carolina, tengo 34 años, me siento la mujer maravilla. Estoy recibida de abogada, llevo mi carrera con éxito, soy la segunda de un estudio importante de Buenos Aires. También tengo un marido, un hijo, es decir una familia que cuidar. Además, curso idiomas y se sobreentiende que me ocupo de mi casa.
Estoy con el celular incrustado en mi oreja, dando indicaciones y corriendo de acá para allá, llego tarde a todas partes, tengo la sensación de que mis días están contados por el tiempo.
Mi angustia de no llegar es una sensación que sufro durante todo el día. Yo reúno lo que los sociólogos llaman las “time freaks” (locas por el tiempo), tengo las cuatro características:

1. no me alcanza el día
2. hago varias cosas a la vez
3. todo lo hago con rapidez
4. quisiera que el día tenga más horas

Este relato es escuchado con bastante frecuencia en los lugares de trabajo, entre amigas, en los consultorios, donde estas mujeres se desempeñan. En general, son mujeres que tienen entre 24 y 48 años, sufren la falta del tiempo, les cuesta o no pueden delegar.
Este sistema donde el mundo cada vez exige más de ambos sexos hace que sea difícil poder ayudar a estas mujeres para resolver el dilema del tiempo.

¿Cómo conciliar el tiempo laboral y el tiempo libre?
Una encuesta realizada dice que más de la mitad de las mujeres reconoce que le gustaría tener más horas libres. Les cuesta entender que llevan varios roles adelante: trabajadora, esposas, madres, hijas, administradoras del hogar, y por sobre toda las cosas, están obligadas a estar lindas, delgadas, bien arregladas y sonriendo siempre.

Estas locas por el tiempo sienten que todo depende de ellas, aunque uno les dice que deben aprender a delegar, siempre terminan sobrecargándose. Algunas de ellas reconocen que actualmente sólo para estar mejor hacen actividad física, se agregan una hora más de gimnasia dentro de sus tareas. Todo lo hacen corriendo a mil, esperan que el día tenga más horas.

La mayoría de las mujeres reconoce que quiere sacarse de encima las tareas domésticas. El problema es que en el siglo XXI existe la creencia arraigada de que son las mujeres las que tienen que preocuparse de lo doméstico, pero también se exige que salgan a trabajar y ganen dinero.

Cuando una mujer reconoce una de estas características, empieza a pensar que no sabe cómo hacer, que el tiempo no le alcanza, y es urgente bajar algunos cambios pero más urgente es cambiar el modo de vida.
Buscar el equilibrio entre la vida personal, familiar y laboral, qué aspectos obstaculizan la conciliación y las consecuencias en la vida de las mujeres.

Los últimos días del año hacen análisis con los deseos que quieren cumplir desde hace tiempo para ellas, sólo para ellas. Lo hacen con mucha ilusión y piden pocas cosas, pero año tras año, ven que no pueden tener momentos libres y de ocio. Los propios proyectos se postergan indefinidamente, es el otro saldo que les resta pagar.

Es bueno parar y pensar la manera que uno está viviendo la vida. Es como cuando un pintor toma distancia de su cuadro, que es su propia obra, para poder corregir aquellos rasgos que están demás. Esta metáfora nos ayuda a ver cuántas cosas demás hacen estas jóvenes mujeres que no pueden quitar nada.
El conflicto es que en el balance colocan todo al mismo nivel. El trabajo, la profesión, quieren ascender, ganar más dinero, siguen pensando en el amor y en sostener una familia.

Mientras, los hombres suelen poner más la mirada en el balance de los números que en el de la vida afectiva familiar. En la vida de las mujeres, la familia es el centro de una estrategia, todavía seguimos siendo las dueñas y señoras del hogar. Desde el punto de vista psicológico puede leerse como un desajuste de estimación entre las posibilidades reales y las exigencias que se imponen como objetivo. Sabemos que el logro de las aspiraciones puede depender de múltiples factores que son ajenas a la capacidad de las mujeres.
Existen varios modos de programar las metas que se desean cumplir, es importante que los objetivos sean pocos y acotados y focalizar el deseo. Las metas sobre todas las cosas deben ser posibles, no extenderse en una larga lista de proyectos. También tener claro que si los deseos no se cumplen, de la frustración también se aprende.
Podemos estimar que el Estado tiene un rol en estos proyectos de conciliar entre lo laboral y lo familiar.
 

Por  Victoria Aloisio Lic. en Psicología, Psicodramatista, Educadora en Sexología
 



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