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Por Raquel Tesone- Psicóloga- Especialista en Grupos- Doctora en Psicología y Psicopatología Clínica - Universidad Lumière Lyon 2 – Francia - Contáctese con Nosotros 

Comunicación por Internet
Comunicar o incomunicar, That is the question?


Para comenzar a reflexionar sobre las fisuras que se producen en la comunicación por Internet cuando nos confrontamos con el dilema de creernos verdaderamente comunicados y estar definitivamente incomunicados, es importante en principio, que el lector sepa que no se va a encontrar con uno de esos artículos que tiran misiles contra los avances de la tecnología. Por el contrario, gracias a Internet, uno de los grandes progresos de estos últimos tiempos, hemos entrado en un mundo globalizado que nos permite cruzar fronteras y ampliar nuestros horizontes. Es sabido por todos, que la comunicación por Internet ha generado nuevos vínculos, como amistades a distancia, parejas que pudieron llegar a concretar encuentros y hasta armar relaciones duraderas. En mi caso, cabe aclarar, que el acceso a Internet me permite sostener muchas amistades en distintas partes del mundo, con los que me encuentro durante mis viajes y también, mantener una comunicación frecuente con amigos que se fueron del país. Internet me ha permitido también hacer un trabajo de investigación y obtener mi doctorado en Francia, lo que ha representado un intercambio cultural muy enriquecedor con profesionales de otra cultura. Dirijo y superviso también un grupo de psicólogos en distintas partes del mundo que asiste a expatriados de diferentes países, trabajo, que sin mediar Internet, sería imposible de sostener.

Sin embargo, no voy a caer en la idea que algo que aporta grandes ventajas, como no quedar restringidos a nuestra cultura y facilitar el intercambio con otras, o que la información se globalice y no quede cercenada a una elite, no conlleve otros efectos que pueden ser perjudiciales para nuestra comunicación cotidiana.

Los beneficios que todos conocemos, no son menores…, y es por esto que cabe la pregunta entonces sobre porqué me encuentro frente a la computadora escribiendo sobre la comunicación o incomunicación por Internet, siendo que nos aporta tantas ventajas, como amistades, trabajo y estudio. Estos beneficios obviamente no están en duda para ninguno de nosotros, pero sería interesante complejizar esta problemática para no caer en el riesgo de deslizarnos a la generalización de determinadas situaciones sin analizar otras. Sabemos que la trampa de la totalización de una idea, nos lleva al fundamentalismo intelectual (es blanco o negro, estoy en contra o a favor). Pretendo más bien abrirnos a ciertas preguntas que me vengo haciendo a lo largo de estos últimos tiempos sobre los alcances de este tipo de comunicación, altamente justificada por la distancia geográfica entre los individuos, pero que se extiende cada vez más a cortas distancias. Quiero decir, entre personas que viven a pocos minutos unas de otras y se manejan como si estarían a kilómetros de distancia. Ocurre que finalmente, terminan sintiendo que están muy “lejos” una de otra, en base a este tipo de “comunicación virtual”. Chat, mail o mensajes de texto del celular traen aparejadas diversas situaciones que me han ocurrido a mi, como a mis amistades y conocidos, tanto como a mis pacientes que traen a la consulta este tema cada vez con mas frecuencia.

Algunos ejemplos para ilustrar el tema en cuestión:

“Mi novio me planteó por el Chat que le dé tiempo, que estaba muy mal y que prefería no hacerme daño, que no sería justo para mi, yo me quedé atónita y no supe que decirle, le conteste que estaba todo bien. Cada tanto lo veo en el Chat y hablamos del clima, de esto no hablamos más y por supuesto no nos volvimos a encontrar”

“Una amiga me mandó un mensaje de texto donde me escribía que soy una mentirosa, me sentí muy herida y por teléfono aclaramos que fue un malentendido. Luego me mandó un mail donde me hacía planteos sobre las cosas que no le gustaban de mí y le afectaban. Le conteste que nos encontremos en un bar para hablarlo, porque por mail no me parecía bien que discutamos cosas tan personales de nuestra amistad. Aun estoy esperando este encuentro…”

“Estamos chateando con una amiga que me contaba que se sentía mal con mucha gente amiga. Para calmarla le dije que se tranquilice y que no piense que el mundo estaba contra ella, se enojó mucho y se desconectó. Yo estaba en mi laburo, sin saber que hacer, si atender los teléfonos que sonaban sin parar, si darle bola a mi jefa que me pedía algo, estaba tan perpleja que no pude seguir trabajando”.

“Mi hijo de 15 años se la pasa todo el día en la computadora chateando con los amigos, pero nunca sale con ellos, no entiendo que le pasa, parece que todos los adolescentes están iguales o será mi hijo que esta aislado del mundo?”

“Aún no quedamos en vernos, ni un beso nos dimos y se la pasa mandándome mensajes de texto y mails desde hace semanas, supongo que un día nos encontraremos…, no sé, pero quizás ese día nunca llegué o yo ya no tenga ganas de tener esa cita… Me pregunto, para qué sigue mandando tantos mensajes de texto y tantos mails, será porque los tiene gratis?”

“Yo me rehúso a usar celular, puedo vivir sin él. Mis amigas me dicen que soy una transgresora, ya no me importa, pero eso de que me ubiquen en cualquier lado, y que mi novio me mande mensajitos en lugar de encontrarnos, no es para mi”

Me imagino que con estos pocos ejemplos, cada uno de uds. estará asociando otro y otro y otro… porque cuando charlo con alguien de este fenómeno, enseguida recuerda otras situaciones personales o de otras personas a las que les sucedió algo similar.

Trataré en principio de hacer una lectura posible desde el punto de vista psicológico para ampliarla mas adelante.

El primer efecto que notamos en algunos relatos, es la perplejidad, la impotencia y el desconcierto. No sabemos así que piensa de verdad el otro, y el otro, tampoco de entera a ciencia cierta de lo que pensamos nosotros, mucho menos de lo que sentimos. Estos casos son de una flagrante incomunicación, donde existe una especie de huída a comprometerse con un determinado deseo (deseo de no ver mas a alguien, deseo de verlo o volver a encontrarlo, deseo de decirle lo que uno siente y no se anima, etc.)
Es evidente que ninguno de estos medios puede reemplazar un tono de voz, un gesto, una mirada, donde nuestro discurso puede dar un giro y cambiar el sentido de lo que pensábamos decir o hacer, es allí donde se produce la verdadera comunicación, en ese feed-back, donde las emociones circulan entre las partes.

Cuando el otro está presente, encarna su deseo y pueden aparecer las diferencias propias de todo vínculo, ahí donde se produce la conexión, aparece la huída, esto es lo evitado. En estos casos, el otro no existe como otro, en tanto sólo pasa a ser objeto de mi fantasía, no deviene así como interlocutor válido, no puede responder y expresarse. Esta solo frente a su computadora o a su celular, pero no lo vemos ni sonrojarse, ni escuchamos la modulación de su voz, ni lo escuchamos llorar, ni gritar, ni tampoco escuchamos sus palabras ni la cadencia de su silencio. El Chat y el mensaje de texto por celular, ayuda en estos casos que el otro no se presentifique como sujeto de la comunicación, es objeto y receptor pasivo y no puede transformarse en emisor activo. En este sentido, podemos pensar que el vínculo se cosifica inevitablemente, ya que la incertidumbre del “que me habrá querido decir? va en aumento hasta diluir el vínculo en sí mismo, quedando solo las elucubraciones que cada arma en su mente sobre que siente el otro.

Sociólogos y filósofos están trabajando sobre los efectos que el atravesamiento del imaginario social va imprimiendo en nuestro psiquismo. Personalmente, este es una problemáticas que intento profundizar en mi tesis de doctorado realizando un análisis multidisciplinario de este fenómeno y de muchos más que se asocian a la velocidad de los cambios en nuestra cultura occidental. Considero que no alcanza con tomarlo solamente desde la perspectiva psicológica y que es necesario aunar diversas visiones. Los sociólogos por ejemplo, hablan de cómo la sociedad de consumo deja improntas en nuestros comportamientos y mercantilizan las relaciones humanas, ahí nos ponen sobre la pista del grado de alienación social que puede capturarnos sin darnos siquiera cuenta.

La cosificación de los vínculos en este sentido, se gesta en el tratamiento que hacemos del otro en tanto objeto de consumo, podemos ser objetos descartables de la noche a la mañana, y ser víctimas de las fisuras de este tipo de comunicación…, o de la incomunicación total. Sino le quiero “hablar” más, me desconecto del Chat, sino lo quiero “ver” más, lo “elimino” del Chat. Si quiero decirle algo y no me animo a mirarlo a los ojos, le mando un mail y listo, así no me expongo y no me entero tampoco lo que provocó aquello que le escribí. Si me quiero encontrar con alguien, envío un mensaje de texto, así si no puede o no quiere verme, no se dará cuenta que no tolero la frustración.

Nos estaremos creyendo que somos computadoras que estamos conectadas o desconectadas del otro como si fuéramos objetos virtuales? Estaremos desrealizando nuestros vínculos humanos?

Deshumanizar las relaciones, conlleva por un lado, menos compromiso y menos dolor, el problema es que para lograrlo, hay que degradar al otro ser humano a la categoría de objeto, de mercancía o de cosa. Por otro lado, si bien se “zafa” del sufrimiento que toda relación comprometida implica y que nuestra comunicación con otro puede involucrar, al mismo tiempo, se pierde el disfrute que ese vínculo nos puede aportar, las emociones que nos puede generar. Esos encuentros fuertes de los que siempre aprendemos algo!

Para que los avances de una sociedad nos aporten verdaderos progresos, que nos hagan crecer y nos beneficien a todos, nuestros objetos de consumo tienen que ubicarse como herramientas que el ser humano utiliza, y no como fines en si mismos.

Para este objetivo, los invito a una reflexión conjunta sobre este tema, como aprender a comunicarnos y no someternos a esta alienación social ya que en tanto, podamos tomar consciencia de esto, podremos ir en camino de la des-alienación y devenir sujetos de nuestro deseo, y no a la inversa, que nuestros deseos queden “sujetos” a los avatares de una cultura que podría deshumanizarnos.


Agradecería sus comentarios, críticas, aportes o experiencias para comenzar este intercambio a mi dirección de mail y así poder generar un encuentro grupal para debatir el tema con quienes les interese:
 

Por  Raquel Tesone- Psicóloga- Especialista en Grupos- Doctora en Psicología y Psicopatología Clínica - Universidad Lumière Lyon 2 – Francia
 



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