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Pautas Saludables De Vida

La experiencia personal
Llevar adelante ciertas pautas saludables y naturales de vida no sólo tienen sentido para resolver o prevenir enfermedades, no buscan un objetivo en particular, ni el querer lograr algo, sino que tienen sentido por el mismo hecho de vivir el día a día bien, con intensidad, estando despierto, alegre, atento a cuanto a uno le ocurre y a todo lo que ocurre en general.
Una vida saludable permite fortalecer a las personas, sensibilizarlas, y a partir de esta fortaleza y sensibilización es posible estar atento y perceptivo a los propios estados, esto a su vez permite poder hacer frente a la confusión, desorden, miedos, dependencias, o por lo menos ser consciente de ellas.
Quisiéramos poder trasmitir nuestra propia experiencia respecto de esto y contar que desde hace ya 25 años se ha comenzado a cuidar el cuerpo y la mente a partir de formas naturales y a observar que frente a determinados síntomas, la acción de la Naturaleza va dando respuestas y enseñando que es en ella donde se encuentran los resortes de una vida más o menos saludable, ya que la Naturaleza misma nos va mostrando sus ciclos y posibilidades de autorregulación.
Hemos tenido y tenemos tanto uno como el otro diferentes problemáticas y vamos viendo a lo largo de nuestra vida cómo es posible acompañar los procesos de forma no violenta, sin generar contraindicaciones, simplemente llevando a la práctica ciertas pautas a las que tuvimos acceso de conocer y también otras que surgen de la propia observación de la naturaleza y de la necesidad de cada uno.
Las diferentes sintomatologías que el cuerpo-mente va expresando, a través de diferentes perturbaciones, malestares, dolores, estados de ánimo diversos, nos dan la posibilidad de conocernos, de comprender nuestra vida, de comprender el dolor, la enfermedad e incluso poder revertirla.
A lo largo de la vida tenemos casi más de 200 enfermedades que van y vienen, son nuestra forma de sacar afuera; esto, ya de por sí, es saludable. Que estos síntomas y sensaciones existan son justamente las manifestaciones que la vida nos da, para tener la posibilidad de entendernos, para darnos cuenta de qué pasa con nosotros, qué tenemos que cambiar y cómo queremos vivir.
También podemos decir bueno..., frente a esto que me pasa tomo tal o cual pastilla, me saco el útero, me opero la próstata, tomo el antibiótico o el tranquilizante. De esta manera nada cambia internamente; puede ser que se alivien los síntomas, pero todo sigue igual adentro de uno, no hay cambio y muchas veces hasta la medicación trae su consiguiente contraindicación. Todo depende de lo que busquemos en la vida.

J.Krishnamurti decía: “Tienen que descubrir qué es lo que están buscando, si es seguridad o comprensión. Si buscan seguridad, la encontrarán en la filosofía, en las religiones, en las tradiciones, en la autoridad, en el dinero y bienes materiales, en el reconocimiento y valoración de los demás, en una píldora; pero si desean comprender la vida, en la cual no existen la seguridad, el consuelo, entonces dan con una perdurable libertad. Y pueden descubrir lo que están buscando, sólo estando atentos en la acción; no pueden descubrir cuestionando meramente la acción. Cuando cuestionan y analizan la acción, ponen fin a la acción. Pero si están atentos, si son intensos en su actuar, si dedican a ello por completo el corazón y la mente, entonces esa acción revelará si de esa misma manera están buscando consuelo, seguridad, o si buscan esa comprensión infinita que es el movimiento eterno de la vida”.

Cuando se siente el dolor de piernas, cuando se siente el dolor de cabeza, cuando están los bronquios cargados, cuando cuesta mover el intestino o bien lo movemos demasiado seguido, cuando el estómago dice: “aquí estoy”, cuando la ingle da su señal de existencia, lo mismo que el ciático, cuando la contractura del cuello no deja mirar al que viene atrás, cuando se nos duerme una mano o una pierna, cuando cuesta tener los ojos bien abiertos y pareciera que la claridad a uno le molesta, cuando se siente inflamada la vejiga, cuando molestan los riñones, cuando se escucha la aceleración del corazón, cuando tirita todo el cuerpo, cuando tiemblan las piernas, cuando se percibe la ansiedad a partir de todo esto, cuando uno se despierta a las 4 ó 5 de la mañana y ya no se puede seguir durmiendo, cuando a las 5 de la tarde ya se está cansado, cuando duelen las rodillas, cuando uno se engripa, cuando se tiene una infección en la vagina, cuando aparece el flemón, cuando la próstata está inflamada, cuando el abdomen se hincha, cuando se está triste, cuando se tiene miedo, y tantos síntomas más que nos hablan de nosotros mismos, todo nos está diciendo que hay algo que quiere expresarse, algo a lo que tenemos que mirar, observar y algo que tenemos que cambiar en nuestros hábitos, en nuestra forma de ser, en nosotros mismos.
Todas estas dolencias nos son propias a todos los seres humanos.
Quisiéramos hablar de estas pautas no como un decálogo de cómo vivir bien, tal como suelen aparecer en revistas de moda, sino a partir de esta experiencia que estamos tratando de compartir.
No hay demasiada diferencia en tratar enfermedades diversas, simples o complejas. Justamente a lo largo de nuestra experiencia hemos visto que todo pasa por comprender los motivos subyacentes de cada dolencia, de enfrentarse sin anestesia al propio desorden físico y mental, modificar la calidad de la sangre y desbloquear la energía estancada en determinada zona del cuerpo y también de la mente. Cada enfermedad nos está diciendo que hay algo que modificar en uno, que hay resabios del pasado, energías acumuladas que necesitan desbloquearse y que el cuerpo las expresa para que podamos entenderlas.
Estas prácticas saludables de vida a las que haremos mención tienen valor en cuanto al sentido que uno le dé a la vida misma.

El sentido de la vida
A veces se habla de encontrar el sentido de la vida y en verdad el sentido de la vida es algo muy simple, es poder vivir conscientemente, lo más equilibrados posible, estando conectado con la capacidad reflexiva que se tiene, con las sensaciones, poder estar atento a lo que se va expresando de instante a instante en uno mismo, poder escuchar el sonido de la lluvia, de los pájaros, del viento, del mismo silencio, poder estar atento a distinguir entre las necesidades genuinas que se tienen y las que son producto de miedos e inseguridades, poder estar atento y sensible frente a los otros y también a sus necesidades. El sentido de la vida es también saber vivir aceptando la adversidad, saber vivir disfrutando de cada pequeña cosa, por más ínfima que ésta sea. Podríamos decir también, que el sentido de la vida es el encuentro con la bondad. Cuando se vive de esta manera también los otros cobran una envergadura importante y se busca realizar tareas que sirvan y ayuden al bien común.
Pero la realidad es que son pocas las personas que viven de esta manera y que la forma en que se vive, se aleja bastante de lo antedicho.
El sentido que se le da a la vida, por lo general pasa por la búsqueda de seguridad, por el “tener” bienes materiales, conocimientos, reconocimiento de los otros hacia uno mismo, el máximo de seguridades en cuanto al temor a enfermarse (obras sociales, seguros médicos), tener más y más cada vez.
Es lógico que las necesidades básicas estén cubiertas y también es lógico que una persona quiera sentirse sana, vital, saludable, pero la búsqueda de seguridad a la que hacemos referencia va más allá de lo básico. Hay una necesidad de “tener” más que lo necesario y en un mundo dónde se fomenta el consumo como forma de vida, lo necesario termina relativizándose.
Es lógico también que se necesiten ciertos elementos para poder vivir cómodamente, pero en ese tener, muchas veces le agregamos una implicancia psicológica de buscar a partir de lo que tenemos, el reconocimiento externo.
Es casi imposible encontrar personas que realicen su tarea porqué sí, porque aman lo que hacen, la mayoría vive con el temor a que otro ponga el mismo negocio que uno y gane más y le quite la idea, o que salga otro político a decir lo mismo que uno, o que el compañero de trabajo sea más eficiente y lo reconozcan más que a uno, que otro escriba un libro similar y copie lo que se ha escrito, que otra compañía robe la idea sobre tal o cual producto, o que a uno le copien la receta que inventó sin tener el ánimo de compartirla, etc.
En muchas personas se ve un fuerte individualismo, para ellas el otro no existe, sólo existe en cuanto pueda ayudar a que uno se sienta bien, existe en cuanto pueda ayudar a concretar los propios objetivos, es decir existe para el propio egoísmo.
Esta competencia e individualismo implican una fuerte exigencia; se habla de la búsqueda de la excelencia, tanta excelencia y perfección generan la sensación de presión, y si bien se dice que es la sociedad la que presiona, es uno mismo quien genera esa exigencia y presión en sí mismo, por la misma necesidad de “tener”, de ser mejor que los otros, por la misma necesidad de reconocimiento y competencia que cada uno tiene consigo mismo, tratando de demostrarse que se es eficiente y bueno.
A mayor inseguridad, desvalorización, más necesidad se tiene de sentirse valorado. Es tan grande el desamor que se vive entre unos y otros y tan poca la capacidad que se tiene de dar y de generar en uno mismo el propio manantial de afecto, de respeto, de consideración, que se busca encontrar esto afuera de sí. Se busca el reconocimiento afanosamente y por ese afán surge la inseguridad, la exigencia y la presión, porque la expectativa de tener el reconocimiento externo, genera la sensación de estar siempre esperando, y como las cosas no se dan como uno quisiera, esto genera aún más inseguridad y frustración.

La vida apurada
La competencia, la exigencia y la presión hacen que se viva con apuro, a un ritmo mayor al que la naturaleza humana puede llevar, pareciera ser que la vida es una carrera por concretar hechos, y cuanto más rápido mejor.
Ese apuro no permite percibir la vida en su verdadera magnitud, nadie, en general, puede escuchar detenidamente al otro, ponerse en su lugar, percibir los sonidos externos, registrar las miradas, darse cuenta de lo que ve, de lo que siente en el propio cuerpo, de sus sensaciones, sentimientos. Lejos se está de percibirse, de ser conciente de sí mismo, de escuchar el canto de un pájaro, de escuchar el viento, el silencio. Para ello hay que detenerse, darse tiempo, ir despacio.
Se vive hablando, ese es el ejercicio mayor que cada uno practica, hablar, hablar, hablar..., de lo que se hizo, de lo que se va a hacer, de sí mismo, de los otros, nadie habla en general de la vida, tratando de comprenderla, se habla y se habla, tapando el silencio.
Siempre se está acompañado, pareciera ser que el estar solo asustara, da miedo permanecer solo, consigo mismo, se busca de cualquier manera y a cualquier costo estar siempre con alguien o acompañado de animales, sonidos de radio, T.V. 
El estar solo a uno lo enfrenta con su realidad y no se quiere verla o uno trata de escaparse de ella.
Es muy difícil que alguien se haga cargo de sí mismo, en general se pone la responsabilidad, culpando, sobre lo que a uno le ocurre a otros, llámense a éstos: sistema, gobierno, padres, esposo, hijos, jefe, gerente. También se espera que las soluciones de los problemas que uno tiene vengan de afuera, llámese a esto: médicos, psicólogos, gurúes, políticos, estado, amigos, familiares, el dios en el que se cree, etc. En general, pocos se hacen cargo de sí mismo, comprendiendo que todo lo que uno siente y piensa es propio y que está en uno la capacidad de poder revertir lo que se siente, no los hechos, ni los acontecimientos, pero sí lo que se siente respecto a ellos.

Tener o ser
Esta necesidad de “tener” en lugar de “ser”, conlleva a la frustración, porque el “tener” en sí genera insatisfacción, sea de cualquier orden lo que se tenga. Porque ni los objetos materiales, ni la acumulación de conocimientos, ni de experiencias son en sí mismas generadoras de una dicha perdurable.
Se vive en una suerte constante de insatisfacción, de frustración, de búsqueda de seguridad, que va trayendo más inseguridad aún.
Esta frustración genera dolor, sufrimiento y frente al dolor y al sufrimiento surge la necesidad de encontrar placer para salir de aquellos (dolor y sufrimiento).
En esta búsqueda de placer y en la necesidad de tenerlo, se busca salir de lo que “es”, que es miedo, angustia, desvalorización, tristeza, insatisfacción, dependencia... y ahí se recurre a aquello que supuestamente da placer: horas frente al televisor, chatear en la computadora (buscando el afecto o la compañía en alguien), comer en exceso, beber alcohol, consumir dulces, exceso de excitantes (café, té negro, hierba mate), exceso de vida social. Todo esto que se hace con la intención de encontrar placer y salir de lo que “es”, va en detrimento de la calidad de vida.
Vivir, en constante apuro, centrado en uno mismo, preocupado por la propia problemática, rumiando el día entero en lo que debo o no debo hacer, en lo que hay que..., en lo que debería..., en lo que tengo que..., en el desorden de dormir pocas horas, preocupado por el aspecto físico, si estoy excedido de peso o si se me ve muy delgado o arrugado, incapaz de aceptar el paso de los años, cargado con la carga electromagnética de televisores, computadoras, electrodomésticos, teléfonos celulares, químicos ambientales, aire acondicionado, exceso de comida a la noche, comer más de lo que el cuerpo necesita, moverlo poco, tener la mente puesta solamente en lo cotidiano, sin encontrarle un sentido profundo a la existencia, más toda la química que se absorbe a través de los alimentos, de lo que se respira y el propio afán de no sentirse nunca en la incertidumbre, entristece y enferma.
No es que existan fórmulas para no enfermar o para no estar tristes, porque de ello nadie se salva, siempre hay algo que el organismo necesita expresar para seguir viviendo y equilibrarse; las enfermedades y ciertos estados de ánimo son formas de descarga, se trata de ser conciente del desorden en el que se vive y ver que nos es posible a todos revertirlo, cambiando, simplemente por el hecho de apreciar la vida, a veces hasta diríamos porque sí, por lo mismo que una flor exhala su perfume, porque sí. Y ese cambio pasa, justamente por apreciar el “ser” y no el “tener”.
Cuando una persona se conecta con la bondad, con la capacidad de afecto, de cariño, de cuidado por sí misma, también lo hace con el afuera. Nadie puede dar lo que no tiene. La capacidad de “ser” es eso, ser amoroso, ser cuidadoso, bondadoso. En definitiva el objetivo de la vida sería ese: florecer en la bondad; cuando alguien vive inmerso en la posibilidad de ese florecimiento hay en ello una verdad, se vive en el jardín de las flores y cuando existe ese florecer, hay salud, entendiendo a ésta por vitalidad, energía creativa, disponibilidad frente a los otros, orden, cuidado, afecto, alegría.
Es posible revertir esta situación en cada ser humano, el cambio que el mundo necesita está en cada persona, en cada ser humano están las posibilidades de cambio, a partir de poner el énfasis en la posibilidad de “ser” y no en el “tener”, tal como lo expresa Erich Fromm en su libro “¿Tener o ser?”. En el comienzo del libro hay 3 frases de tres grandes de la humanidad, que quisiéramos compartir:
Lao Tsé: “La manera de hacer es ser”.
Eckart: “El hombre no debe considerar tanto lo que hace, sino lo que es”.
Marx: “Cuanto menos es el individuo, y cuanto menos expresa su vida, tanto más tiene y más enajenada es su vida”.

¿Cómo es posible revertir esto?
En general, frente a lo dicho anteriormente, muchos dicen, que es difícil, que la sociedad los atrapa, que en medio de tanta vorágine y en un mundo dónde todos actúan, en su mayoría de una determinada manera, no es posible el cuidado, la atención, el darse el tiempo y el espacio, el desarrollar la cualidad amorosa por la vida y por uno mismo.
El error está siempre en la misma exigencia que cada uno tiene consigo mismo, en centrase en lo que “debería ser”, que en este caso es el orden. En este esfuerzo por querer realizar el orden, uno pierde energía, ya que la realidad es el desorden y querer generar orden a partir del desorden implica un esfuerzo, con el consiguiente gasto de energía, producto de esa misma exigencia.
Actuando de esta manera se genera aún más desorden y frustración por no haber podido generar lo que se anhela, con lo cual es real esto de que la vorágine a uno lo atrapa y nada se pudo conseguir. La vorágine a uno lo atrapa porque, para que esto no ocurra, es importante estar con energía, sentirse fuerte, justamente para poder trascender la corriente colectiva; pero al querer generar orden, uno se esfuerza, se debilita y no tiene capacidad para salir de lo que la mayoría hace.
En cambio, si la atención de uno está puesta, no en el querer encontrar el orden, sino en comprender el desorden y quedarse con él, que es justamente lo que “es”, lo que se vive. Si además uno se da cuenta que uno mismo es eso: desorden y que no hay más que ver el desorden, sin ningún pensamiento sobre lo que debería ser. Si el desorden se vivencia y se lo comprende, y se ve que ese desorden no es sólo tener la ropa desacomodada, o dormir poco, o comer mal, sino que el desorden es la propia mente, el parloteo mental incesante y que uno es la confusión. Todo esto, todo ese darse cuenta intensamente, con absoluta conciencia y además siendo amoroso con uno mismo frente a esa vivencia, sin poner la responsabilidad afuera, haciéndose totalmente cargo por esta circunstancia, teniendo un profundo respeto por uno mismo frente a esta realidad que se vive, sin juicios, vivenciando todos los estados que la sensación de desorden genera, todo esto, permite una acción encaminada al orden.
El problema no es el problema sino como lo miro. Si al propio desorden lo miro como algo que rechazo de mí, que quisiera cambiar, que no me gusta, enojándome conmigo mismo por ello, nunca lo cambiaré, en cambio si lo miro con amabilidad, comprensión y ternura, será diferente.

Formas simples de vivir, de prevenir y a veces de resolver
Estas pautas, que implican una práctica de vida nos son posibles de llevarlas a cabo en nuestra vida cotidiana a todos, vivamos dónde vivamos (ciudades, campo), tengamos la actividad laboral que tengamos. Lo que nos interesa compartir con los lectores es justamente la factibilidad, el hecho de que es posible...

Las famosas contracturas
En determinado momento existieron dolores fuertes en las cervicales, que hoy también son tan comunes en muchas personas, seguramente debido a las propias tensiones y también a permanecer muchas horas escribiendo frente a la computadora. De ahí surgió la necesidad de acceder a las almohadas rellenas de cáscara de tigo sarraceno, que relajan la zona de las cervicales y permiten mejorar la columna. Frente a este cambio supimos de los colchones futones, rellenos de puro algodón, mucho más duros que los colchones de goma espuma, los cuales permitían levantarse sin contracturas. También fuimos viendo que dormir boca arriba, con una almohada bajo las rodillas o de costado con la columna bien recta, con las piernas flexionadas, ayudaban a mantener una buena ubicación de la pelvis y de la columna.
A partir de ir sintiendo los diferentes dolores que van apareciendo en el sacro o lumbares vimos la importancia de que al sentarse era importante estar bien apoyado en los ísquiones, ubicándose en el fondo de la silla o sillón, para permitir mantener la columna erguida, con el sacro y las lumbares bien apoyadas en el respaldo.
Observamos que al estar parado era importante no tener rígidas las rodillas y ubicar la pelvis de modo que coincida con el eje de gravedad. En el caso que la pelvis esté muy hacia delante, de acuerdo a la estructura física de cada persona, era necesario llevarla más hacia atrás, en el caso que otro la tenga muy hacia atrás, era necesario llevarla hacia delante. Vimos que al ver una película por video, en televisión, o en el cine, era importante no recostarse sobre el sillón, sino llevar la columna hasta el fondo del respaldo, para evitar que ésta se bloquee o estrese.
Fue un cambio importante empezar a usar la silla ergonómica para trabajar frente a la computadora, ya que ésta permite mantener bien acomodada la columna vertebral, permitiendo la buena ubicación de la pelvis y evitando contracturas en la espalda. También contribuye a lo mismo el uso del espaldar, que son cintas elásticas que llevan la columna hacia atrás y se colocan a través de los hombros, esto permitía estar bien derecho sin inclinarse demasiado sobre el teclado. El uso de un teclado ergonómico, genera alineamiento de brazos y manos y el uso de pantalla de cristal líquido o en su defecto un protector de pantalla de cristal líquido, impide la absorción de los rayos que emiten las computadoras.
La práctica cotidiana de yoga, actúa de igual manera, en el sentido de tener una columna más flexible y menos dolores articulares. Uno solo puede realizar ciertas posturas en su propia casa. También pudimos observar cómo la alimentación influía en relación a los dolores articulares en general, de espalda, sacro, lumbares y dorsales. Cuánto más se cargaba el hígado y la parte digestiva, mayores eran las contracturas. Alivianando el hígado y el estómago a partir de comer menos, eligiendo alimentos que no sobrecarguen más aún de lo que uno de por sí se sobrecarga, siempre de una alimentación bien natural, los dolores articulares menguaban o desaparecían.

El baño de la mañana
Antes del baño, ya en el momento de despertarse es bueno que el despertador sea suave, que no sea una radio con informativo, sino que el sonido sea agradable para uno. No levantarse de prisa, tomar contacto con el cuerpo, escucharlo, percibir qué nos está diciendo, conectarse con las sensaciones, sentimientos, con algún resabio de sueños que haya quedado, para poder entenderlos; poder estirarse, desperezarse bien en la cama. 
Es muy notable la diferencia que se genera cuando una persona se levanta temprano por la mañana, toma un baño y el último golpe de agua lo hace con agua fría, esto genera una activación circulatoria muy importante. Ese baño de escasos minutos con agua fría en la cabeza, zona del abdomen, piernas y brazos, da calor, por paradójico que parezca, incluso en días muy fríos, se comienza el día con más energía, activando el funcionamiento de todos los órganos.
En ese baño matinal es bueno utilizar esponjas vegetales y jabón de propóleo. La esponja vegetal produce una buena exfoliación de la piel, ayudando a eliminar las células muertas, el jabón de propóleo actúa como bactericida, ayudando a eliminar las impurezas de la piel.

Preparándonos para salir a trabajar
Antes de desayunar poder realizar una práctica de ejercicios físicos, abdominales para fortalecer la zona del estómago, hígado, intestino y la zona pélvica, dando fuerza y vigor a ese segmento, que necesita vitalidad para que funcionemos bien. También ejercicios que permitan fortalecer las piernas, estiramientos, elongaciones de las mismas, ya que las piernas son nuestro soporte y cuando ellas se fortalecen se fortalece todo nuestro sistema físico-psíquico. Poder practicar algunas posturas invertidas, que permitan que las rodillas estén más altas que la cabeza, esto irriga sangre al cerebro, ayudando a una buena circulación y una mayor capacidad reflexiva y lucidez mental. También ejercicios que fortalezcan los brazos. Piernas y brazos son nuestras extremidades, son como las raíces y las ramas de los árboles, necesitamos fortalecerlas, ya que a través de ellas podemos eliminar las sobrecargas de todo nuestro sistema psíquico-corporal.
Luego el desayuno, que mientras lo tomamos, podamos escuchar música clásica; está comprobado cómo escuchar a Mozart, por ejemplo, genera serenidad. Evitar el café, té negro o hierba mate, para no sentirse ansioso o excitado, ya que estas bebidas disparan la adrenalina, ya tenemos bastante con la propia para qué agregar demás. Es bueno poder ingerir un té de mañana más contundente, como té verde o té rojo, café de cereales (malta, algarroba o el hecho con diferentes cereales), té de marcela, llantén, salvia... Pan integral casero en lugar del blanco o el lactal, puré de manzanas, o un poco de miel y ricota casera, o yogur orgánico con avena, salvado de avena, quínoa, amaranto, germen de trigo, ir alternando siempre, algunos días se consumirá ricota, otros yogur, algunos días amaranto, otros quínoa. Tratar de no sobrecargar y consumir un cereal determinado por día. En invierno pomelo, naranja, manzana; en verano otras frutas, evitando que sean demasiado azucaradas. Cuanto más azúcar tiene una fruta más energía se pierde, ya que el exceso de azúcar quita minerales. Hay que tener en cuenta que los cereales y el yogur aligeran el intestino, la ricota en cambio lo enlentece.
Hemos visto que el consumir dulces por la mañana baja la energía y produce hipoglucemia, que luego genera la necesidad de consumir más dulces y promueve la ingestión de café o mate para sentirse más energizado o con más vitalidad.
La adrenalina es un neurotransmisor que genera estados de nerviosismo, su exceso produce ansiedad, irritabilidad, impedimento del sueño, esa misma adrenalina que uno segrega frente a demasiada responsabilidad laboral, frente a la tarea que debe realizar, frente a determinadas situaciones de la vida, es justamente la que necesitamos contrarrestar para poder estar serenos. Sabemos ya que muchos de nuestros problemas físicos advienen producto del estrés, de manera que es necesario que segreguemos la menor cantidad posible de ella y que evitemos todo aquello que la dispara (café, té negro, hierba mate, azúcar, carnes).

La carga electrostática y electromagnética
El uso de prendas sintéticas genera una alta carga electrostática, por eso es bueno usar prendas de algodón, incluidas las sábanas, evitar frazadas sintéticas, usar ropas de materiales más nobles, lana, algodón, seda, lino. La electrostática baja el nivel de defensas naturales del organismo y genera irritabilidad. Los materiales sintéticos pasan a través de nuestra piel al torrente sanguíneo, contaminando la calidad de nuestra sangre, por ello es bueno tratar de usar la menor cantidad posible, por lo menos lo que está más cerca de la piel, como la ropa interior o la de dormir.
Mirar demasiada TV. y usar la computadora más allá de la necesidad básica, afecta al sistema nervioso. Hemos visto en nosotros mismos y en muchas personas cómo es difícil conciliar el sueño quedándose horas de la noche frente a la TV. o chateando o navegando. Cuando eso no ocurre el sueño viene cuando tiene que venir y es más reparador. La TV. y la computadora son tan excitantes como consumir café a la noche o anfetaminas.
Se está comprobando que las ondas que segregan los teléfonos celulares, que también afectan al sistema nervioso, van directamente al cerebro, por eso es importante utilizarlos lo imprescindible.

Cuidar la energía
Levantarse temprano y dormir temprano genera mucha más energía disponible.
Es fundamental cuidar la energía, se tiene poca de ella, y se gasta el día entero en cosas que no deberían gastarse, demasiado hablar quita la energía, demasiada vida social a uno lo aleja de si mismo.
Claro que necesitamos de la vida social, pero también de momentos de soledad, es importante comunicarnos verbalmente y a través de la palabra poder expresar nuestro sentir, pero también necesitamos callar, hacer silencio.
Las personas necesitamos momentos de soledad para recargarnos, el silencio genera un quantum muy alto de energía. Vivimos inmersos en el ruido, el de afuera y el del propio parloteo mental. Ese silencio, el de una mente callada, sin el pensamiento mecánico sobre lo que hice o no hice o lo que me dijeron o no dijeron, revitaliza las neuronas, y en ese silencio se genera la mayor capacidad energética que una persona pueda tener. Escuchar el silencio resulta ser uno de los sonidos más maravillosos.
La energía la necesitamos para que todas nuestras funciones corporales actúen equilibradamente, para poder despejar la mente y poder estar en contacto con lo esencial de la vida, llámese a esto lo amoroso, lo intangible.

La comida
Hacer las 4 comidas diarias, aunque sea de poca cantidad, sin saltear alguna, permite, evitar la hipoglucemia, que luego genera la necesidad de comer en exceso o desear ingerir alguna bebida o comida excitante. Si el alimento está bien equilibrado difícilmente existan las compulsiones frente a la comida.
Hay momentos en que se está más sobrecargado que otros, las descargas más importantes, la mayor eliminación de toxinas se realizan de noche. El dormir es una de las funciones más reparadoras que hay, durante el sueño se eliminan tensiones, bloqueos, sobrecargas. Como uno está sobrecargado de preocupaciones, para poder ayudar a eliminar la sobrecarga que ya se tiene, es importante comer poco de noche, e incluso a veces hasta evitar la cena o bien consumir una sopa o fruta (depende de la estación), esto permite dormir mejor y ayudar a la naturaleza a realizar su proceso de descarga, luego al día siguiente uno despierta con mayor energía y vitalidad y puede consumir un buen desayuno.
El famoso dicho de desayunar como un príncipe, almorzar como un rey y cenar como mendigo es aplicable a nuestra vida de todos los días.
Es cierto que muchas personas hacen de la cena la comida más importante, ya que trabajan fuera de su casa y pasan por alto el almuerzo. Esto es un hábito importante de modificar, tratar de organizarse como para hacer del almuerzo una comida más fuerte y de la cena algo más frugal. Algunos llevan sus viandas preparadas al trabajo, otras que comen afuera tratan de ir a lugares que les ofrezcan comidas saludables.
Es importante tratar que las proteínas se coman durante el almuerzo, durante el día, ya que el movimiento que uno realiza durante el día, da la posibilidad de descargar la mayor cantidad de comida que uno ingiere y durante la noche consumir solamente verduras, cereales, frutas. En el almuerzo lo ideal es consumir cereales integrales (arroz, mijo, fideos, cebada, sarraceno, quínoa), acompañado por alguna proteína (garbanzos, lentejas, poroto aduki, poroto negro, zeitán (gluten de trigo), queso o milanesa de soja orgánica, huevo de campo) y ensalada o verduras cocidas.
En la merienda consumir algún té de hierbas con un pancito natural y jalea de membrillo o dulce artesanal sin azúcar. Todo esto siempre teniendo en cuenta a una persona con una buena salud, en caso de algún problema concreto hay restricciones de acuerdo a la problemática particular.
Es muy importante considerar el valor que tiene no consumir carnes para permitir un mejor estado de salud en general, no cargando más toxinas de las que ya se tiene y permitir una mejor circulación sanguínea y no cargar con el dolor y sufrimiento que el animal tiene y que además adquiere en el momento de morir. En éstas épocas a las vacas y a los pollos se les da alimento balanceado, químicos, que afectan notablemente la salud humana.
Evitar el alcohol, se dice que dos copitas diarias de un buen vino ayudan en relación a la parte circulatoria pero nunca se habla de cómo afecta negativamente al hígado y al sistema nervioso. Evitar también los lácteos industrializados, que contienen hormonas, químicos en general, evitar los edulcorantes artificiales y productos diet o light, que afectan la condición psico-física en general.
Comer poco, cuanto mayor edad tiene uno, consumir menos cantidad de comida, poder darse cuenta que con el paso de los años es importante ser más delgado, para ayudarse a que la parte circulatoria, corazón y órganos del cerebro funcionen mejor. El sobrepeso afecta a todas las funciones y sistemas corporales, comprometiéndolos.

Las hierbas medicinales
El consumo de hierbas medicinales es de un alto valor para ayudarse en determinadas dolencias, también como forma preventiva y porquen además adviene una grata sensación consumiéndolas.
Hemos visto cómo frente a la gripe o resfrío son efectivos el té de hongo shiitake, el regaliz, el té bancha y el de jengibre.
También el té de llantén es tan efectivo en quistes y fibromas o dolores de garganta, el té de marrubio como regulador del ciclo menstrual y ayudando a eliminar grasas del cuerpo y contribuyendo a regular la parte hormonal. El té de marcela actúa frente a empachos, intoxicaciones, dolores de estómago, evitando la sensación de hipoglucemia, el diente de león y la carqueja o cardo mariano frente al hígado congestionado. La manzanilla frente a cólicos estomacales, la menta para atenuar el dolor de cabeza, el cedrón y toronjil frente a los dolores de estómago. La pasionaria y el tilo para ayudar a conciliar el sueño y tantos ejemplos más...

Prácticas diarias, más allá de la enfermedad
Hemos visto frente a cualquier tipo de enfermedad el valor de determinadas prácticas, que luego ya no fueron solamente utilizadas en el caso de enfermedades concretas sino como modo de vida, lo cual puede llegar a ser beneficioso frente al prevenir enfermedades y al sentirse bien diariamente.
Por ejemplo frente a la gripe que empieza a manifestarse, el valor de las frotaciones con una toalla húmeda, ya sea con agua caliente o también con agua caliente y jengibre. Frotarse el cuerpo diariamente con esponja vegetal o bien con toalla húmeda mueve la energía estancada y activa la circulación. Poner los pies en un recipiente con agua caliente y sal o agua caliente y jengibre, permite una activación circulatoria y también una descarga importante de la sobrecarga que hay en las diferentes partes del cuerpo. Los masajes en piernas y pies hechos por uno mismo, actúan descargando la acumulación de la zona abdominal, estomacal. Lo mismo ocurre con los masajes y frotaciones dadas en brazos que ayudan a descontracturar y activar todo el organismo, especialmente la zona alta del cuerpo.

La respiración
Frente a las mismas gripes o cuando el abdomen se hincha o cuando el dolor en alguna parte del cuerpo se expresa o cuando el organismo busca sacar algo afuera, el dolor de cabeza, la fiebre, la ansiedad, el mejor alimento y el mayor remedio es respirar, respirar, respirar..., con profundidad, esto puede convertirse en una práctica cotidiana, de manera que ya no es un esfuerzo hacerlo, forma parte de la vida de todos los días, como lavarse los dientes.
El valor de los ejercicios respiratorios resulta fundamental para ayudarse frente a cualquier tipo de malestar, se trata de respirar profundo y exhalar profundo, lo cual vigoriza al sistema nervioso, permitiendo eliminar el exceso de anhídrido carbónico, alcalinizar la sangre, generando una de las mayores descargas. Saber respirar es una de las más importantes funciones de la vida de un ser humano, la primaria, si existe una buena respiración, eso implica que el aire pasa por todos lados, nutre a todos los órganos y a todos los sistemas corporales-mentales. Respirar bien es saber llevar el aire bien abajo, a la zona abdominal y sentir que pasa por la zona alta, clavicular, media, estomacal y baja, genital.

La arcilla
Hemos comprobado el alto valor de la arcilla en forma de compresas, frente a diferentes tipos de dolencias y cómo ésta contribuye a desinflamar por ejemplo la zona abdominal, cómo ayuda en caso de vaginitis (aplicación en la zona baja del abdomen), gastritis (aplicación en la zona estomacal), hemorragias uterinas, quistes y fibroma (aplicación en la zona baja del abdomen), sobrecargas hepáticas (aplicación en la zona del hígado) e incluso hemos experimentado la grata sensación de aplicarse arcilla en todo el cuerpo, lo cual revitaliza al organismo, ya que la arcilla por un lado actúa desinflamando, eliminando toxinas y por otro lado aportando todos los minerales de la tierra. Hoy en día las arcillas y fangos para aplicaciones terapéuticas se consiguen en dietéticas, herboristerías y farmacias. 

El agua
La experiencia con el agua no ha sido menor que con los otros agentes de la naturaleza. Por ejemplo los baños de asiento con agua caliente de malva y manzanilla actúan para desinflamar la zona abdominal e incluso como bactericida en caso de cistitis y vaginitis. También hemos usado en determinado momento, hojas secas de nabo, salvia de la montaña o simplemente sal gruesa. Estos baños de asiento son muy buenos de poder hacerlos regularmente, más allá de que exista algún problema de salud, simplemente a modo de descarga. No lleva más de 15 ó 20 minutos permanecer sentado en una fuente o palangana grande, incorporando solo la parte baja del abdomen, el agua debe llegar hasta el ombligo y las piernas quedan por fuera. Se hierve en una olla grande agua con las diferentes hierbas.
La sobrecarga en la zona baja siempre está, sobretodo en un mundo cómo en el que hoy se vive, dónde hay exceso de pensamiento mecánico y falta de contacto con la sensualidad, lo cual implica la sobrecarga de todo lo que está alrededor de la zona pélvica.
Incluso la práctica cotidiana de baños de asiento con agua fría para irrigar la zona genital, en el bidé actúa fortaleciendo esa parte, ideal para problemas femeninos de inflamación de vejiga, quistes, fibromas y de próstata en el caso de los hombres, basta sólo con permanecer durante 10 minutos. Si la zona baja del cuerpo está fortalecida también la mente se fortalece y todo el organismo se activa, ya que a cinco dedos debajo del ombligo está uno de los centro energéticos más importante del cuerpo, el centro vital por excelencia, es decir la zona pélvica.
También hemos visto el valor terapéutico de los baños de inmersión, usando solamente sal gruesa, otros tipos de sales, pétalos de rosas o incorporando algas micro estrelladas, polvo de cuarzo, aceites esenciales de romero, lavanda, ú otros, todos estos elementos actúan eliminando la carga electrostática y electromagnética que uno tiende a acumular, son baños para hacerse de vez en cuando, relajan la musculatura y se llega a un estado tan fuerte de relajación que luego la energización que se siente es muy grande. Hay que tener cuidado que no baje demasiado la presión y permanecer solamente unos 15 ó 20 minutos.

La cosmética

Se fue viendo cómo la química de tinturas de cabellos, desodorantes, colonias, pinturas para el rostro, entran al torrente sanguíneo de la misma manera que una comida artificial, cuántas alergias y desórdenes iban generando, a veces perceptibles y a veces imperceptibles. Se fue viendo con relación a todo esto el fuerte condicionamiento cultural que enaltece solo lo joven, lo estirado, lo delgado, lo reluciente y se fue viendo también cómo la alegría, la vitalidad, y las ganas de vivir pasaban más por lo genuino, por ser como se es, sabiendo llevar la vida con lo natural, también dándose cuenta uno que estar bien con uno mismo va más allá de lo que los otros vean en uno. No obstante es real para todos, lo condicionados que estamos a las pautas culturales, sociales, familiares.
Existe una gama de productos naturales para ayudar a cuidar el cuerpo, embellecerlo y resolver problemas de piel, que son orgánicos y naturales. Ejemplo de esto son: los dentífricos naturales de Ratania, Sal Marina, hierbas; los shampoo de romero, ortiga, caléndula, aloé vera, miel; el protector labial de caléndula y vainilla; las cremas para masajearse el cuerpo luego del baño, de lavanda, manzanilla, romero o aloé vera, los aceites para el rostro de lavanda y geranio diluidos en aceite vehicular de sésamo, jojoba o girasol, o aceites esenciales de manzanilla y eucaliptus para trabajar sobre el acné, siempre diluidos en los aceites vehiculares mencionados; el gel de algas para fortalecer la piel del rostro y evitar grietas. Los tónicos de romero, hamamelis, lavanda para masajearse las piernas, cuando están cansadas o doloridas.

La casa
Es posible percibir la energía que hay en cada lugar, en los diferentes espacios, abiertos y cerrados, se siente uno diferente en aquellos lugares dónde hay calidez que en dónde no la hay, se siente algo así como el alma de los que habitan o circulan por determinados espacios.
Los lugares con mobiliarios y elementos plásticos o demasiado industrializados tienen una energía diferente a aquellos dónde los materiales son nobles. Una casa con muebles de caña, madera, mimbre, dónde las telas son de texturas naturales, las paredes pintadas sin formaldehídos, dónde no hay demasiados electrodomésticos, dónde hay limpieza, pero aquella hecha sin obsesiones, no utilizando la tan alta gama de productos que hay en el mercado y que terminan obsesionando a la gente con la higiene, generando tantas alergias en las personas, genera en el que la vive o visita una cualidad de paz, de tranquilidad, una sensación de bienestar por estar allí dentro.
Casas dónde hay orden, simples, sencillas, no lujosas. El orden de la casa expresa el orden interno de cada uno, casas con verde, con plantas que ayudan a absorber las cargas electromagnéticas y además aportan vida, tal vez si hubiera que construirla que sea de materiales nobles, como el barro, o fardos de paja en las paredes o en los contrapisos, cerámicos, madera, casas con pocas cosas, pero las pocas que trasmitan calidez, algunas piedras que generen una buena vibración, casas con almohadones, telares, velas, hornillos con aceites esenciales que den aromas reconfortantes (menta, eucaliptus, lavanda, naranja), casas con flores, con sol, luminosas, abiertas.
Sentir la casa de uno como un santuario, una especie de templo, no permitir que se contamine con demasiados ruidos, con el desorden acumulado, con TV. encendida el día entero, con computadoras funcionando demasiadas horas. Sentir la casa como la segunda piel, como una isla dónde uno recibe y da lo mejor, para poder justamente relajarse, nutrirse de ella misma.
Poder mantener el orden sin obsesiones dentro de la casa, ayuda a serenar la mente, a ordenarla, a tener mayor lucidez. El exceso en el uso de artículos de limpieza contamina, lo mismo que los muebles de fórmica, de plástico, las telas acrílicas, las luces incandescentes, los materiales químicos.
Que la casa pueda ser lo suficientemente fresca en verano y caliente en invierno sin necesidad de tanto aire acondicionado, tanto frío como caliente. El exceso de aire acondicionado es una forma artificial de vivir, la diferencia de temperaturas con el afuera implican un esfuerzo muy grande de parte del organismo, para adaptarse, es mucha la exigencia de tener que pasar de los 18°C a los 35°C o de los 20°C a los 8°C. No se trata de pasar penurias con el calor o el frío, pero sí de graduarse uno mismo. Evitar dormir con calefacción ya que ya sea tiro balanceado de gas, kerosén, estufa a leña, todas quitan algo de oxígeno, luego es muy posible levantarse con sensación de pesadez o con dolor de cabeza. Estas prácticas tan usuales de calefacción y aire acondicionado siempre debilitan las defensas naturales del cuerpo.
El lugar dónde trabajamos también tiene que obedecer a las pautas mencionadas, ya que es nuestra segunda casa, permanecemos muchas horas en dicho lugar y necesitamos sentirnos bien allí dentro.

La necesidad de movimiento
Si a uno le es posible tener un césped cerca, ya sea en su propia casa o en una plaza cercana, o arena, poder caminar descalzo sobre ellos. La tierra, la arena, son capaces de absorber nuestras sobrecargas, dándonos por otro lado la fuerza y vitalidad que tienen y nos la trasmiten a través de los pies. Caminar temprano sobre el césped o en las playas, aunque sea unos pocos minutos, revitalizan y dan vigor.
A veces a uno le parece que con el frío es imposible, pero basta llevar a cabo esto alguna vez, incluso en pleno invierno para ver los beneficios y la sensación de energía que genera.
Hemos visto cómo la vida sedentaria favorece las enfermedades, basta un día frío, lluvioso, nublado, sin sol, húmedo, y estarse quieto para empezar a sentir dolores, mucosidad, contracturas. En los días grises hay poca energía en el ambiente, por eso necesitamos movernos más para activarnos. Más aún si se está largas horas escribiendo frente a la computadora. Si llueve y no podemos salir a caminar, una bicicleta fija, activa todo el organismo y es una forma de contrarrestar la inmovilidad y quietud de esos días, sino simplemente ponerse a trotar unos minutos en el mismo lugar.
Si no hay movimiento no hay activación circulatoria, nada se mueve adentro de uno. La vida es movimiento, es cambio, necesitamos movernos para estar vivos, mover la energía estancada. Diariamente una persona necesita o caminar, o bailar, o hacer ejercicios, o andar en bicicleta, nadar, de lo contrario, su espalda, sus órganos, su cabeza, están limitados.

La naturaleza
Conectarse con la naturaleza, percibiendo plantas, árboles, flores, animales, ríos arroyos, mar, el sol, las nubes, los cielos, la nieve, poder ser conciente de las estaciones, las maravillas de cada una de ellas, el otoño con sus gamas de colores, el verano con su voluptuosidad, el invierno con su meterse para adentro y la primavera con su renacimiento. Cada estación nos muestra sus ciclos, nos muestra que estamos vivos y que somos parte de todo, tener un pequeño jardín, aunque sea en el balcón de la casa, cuidar las plantas, ver sus ciclos de crecimiento, sus necesidades, meter la mano en la tierra, saber distinguir las diferentes flores, ver los árboles de la puerta de la casa de uno cómo van variando con el tiempo, el clima, el paso de las estaciones, todo esto enaltece el espíritu.
Cuando una persona se conecta con la naturaleza está en comunión con todo y hay menos posibilidad que se desarrollen estados de soledad, de angustia, miedos…

La sensualidad
El ritmo de vida frenético en el que se vive nos aleja de nuestras funciones vitales, las sensaciones, la capacidad sexual. Pensamos mucho y poco estamos conectados con las sensaciones de la piel, del contacto con el otro, necesitamos reír, bailar, cantar, hacer el amor con amor. Todo esto forma parte de nuestras sensaciones primarias que como seres humanos que somos necesitamos realizar, sino nos desequilibramos.
La posibilidad de equilibrio tiene que ver con que todas nuestras capacidades se desarrollen, el ser humano necesita dar lugar a su capacidad reflexiva, intuitiva, sensoria, sensitiva; si le damos preponderancia a una ú otra, enfermamos. Esto es bueno investigarlo en cada uno.

La finalidad de todo esto
Por último vale decir, cómo algo fundamental y prioritario el hecho de que todas estas pautas saludables de vida, han de ser saludables y válidas si no son un fin en sí mismas, sino que son medios para algo trascendente; la posibilidad de libertad, de vivir sin presiones, miedos, angustias, dependencias, desvalorizaciones y tener una vida amorosa hacia uno y lo que lo rodea, sentir la alegría de estar vivo.
Para ello la práctica más importante y el valor que tendría todo lo anterior descripto es el darse tiempos y espacios para la meditación diaria. Si una persona cuida su cuerpo, sus sistemas corporales, incluido el sistema nervioso, adquiere sensibilidad, fortaleza, ductilidad y de esa forma puede ir encontrando respuestas a los desafíos de la vida cotidiana. Esa sensibilidad y fortaleza le permiten quedarse en silencio y conectarse consigo mismo, puede encontrar las respuestas en sí mismo sin necesidad de acudir a otros para que se las den. Claro que puede aprender de quienes lo orientan, pero sin dependencias. Estas prácticas permiten que uno esté atento y perceptivo a la vida de adentro y fuera de uno y cuando eso va ocurriendo, el orden interno comulga con el orden externo y hay energía para encarar todos los aspectos y desafíos de la vida.

Por Spa Las Dalias



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