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Por Lic. Susana Ditone - Contáctese con Nosotros
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POR AMOR AL ARTE
Acerca del arte, la fe y la libertad de expresión

"Creo en la redención de todos males por la eterna belleza y el arte" (Miguel Angel).

Descubrí esta frase hace muchos años, no en un libro, sino en el rincón más oculto de un mural esculpido en la pared de una galería comercial. 

La frase del genial italiano define en 14 vocablos una visión de la vida. 
Habla de la fe, un valor indispensable para sobrevivir y crear. De la eterna lucha entre el bien y el mal. Y en ese contexto, le otorga al arte y a la creación el papel protagónico y transformador que realmente tienen.

Miguel Angel dice que cree. Nos habla de la fe que tanto en su tiempo como en el nuestro es la sustancia de todas las cosas. La que marca una diferencia. La que permite que los sueños, los ideales, los proyectos, los trabajos, los vínculos existan y funcionen. La que mueve los negocios y los países. Los médicos, por ejemplo, comprueban una y otra vez que es muy distinto que un paciente luche contra una enfermedad con fe en la curación que sin ella. "Porque creo...creo", aconsejan finalmente las reglas de la creatividad. 

Miguel Angel habla de redención, que según el diccionario significa: rescate. Y, ¿quién de nosotros no necesita rescatarse o rescatar a los que ama: del mal, de dolor, de la tristeza, de la depresión, de la frustración?. ¿Quién no necesita en algún momento cambiar, renacer a una nueva vida? Para lo cual, hilvanando conceptos, también hace falta mucha fe. 

Pero lo más interesante de esta visión, es el camino que Miguel Angel propone para lograr aquella redención en la cual él cree. Su herramienta de rescate es el ARTE. Dice: el arte. No dice: la ciencia, la política, la religión, la instrucción, el dinero, etc. 

Claro que en su época el arte ocupaba un lugar diferente al que ocupó luego en el mundo occidental y moderno, donde la lógica le ganó la partida a la poesía.

El arte antes ocupaba un lugar de privilegio en la sociedad y en la vida de las personas. La gente se reunía cotidianamente para cantar, bailar, actuar, hacer música, recitar, narrar. La frase "por amor al arte", como sinónimo de vagancia, inutilidad, inoperancia, no había sido todavía acuñada. Cuando un joven decía "quiero dedicarme al arte", los padres no huían espantados a buscar la Guía del Estudiante para ver si el nene o la nena cambiaba de idea y elegía una profesión "en serio". 

Desde entonces a hoy el mundo cambió, es cierto, se tornó más competitivo, con recursos para la supervivencia que se hacen más escasos y posibilidades que menguan. Pero ¿esa realidad justifica que se menosprecie uno de los aspectos más valiosos de la naturaleza humana, como es la capacidad del hombre para expresar su mundo interior a través de las manos, la voz , el cuerpo, los sentidos, la imaginación, la sensibilidad? ¿No será posible que revalorizando estas expresiones encontremos una mejor manera de vivir y convivir? 


La belleza de expresarse
 

El lenguaje artístico hace posible el acceso a realidades inaccesibles a la razón pura. Y su posterior manifestación. 

El arte, a través de cualquiera de sus ramas, facilita la expresión de los sentimientos, de vivencias humanas que son únicas e irrepetibles. Es la vía regia para conectarnos con nuestro universo interior y comunicarnos con los otros. "Dice más un gesto que mil palabras", aseguran. 

Se limita el lenguaje artístico cuando se lo circunscribe a una actividad placentera, entretenida, contemplativa, pasiva, alejada de lo cotidiano, desprovista de una verdadera importancia, poco "práctica".

La danza libre de Isadora Duncan, por ejemplo, provocó a la sociedad conservadora de su tiempo, más tal vez que un manifiesto político revolucionario. Quien tiene oportunidad de pararse frente al Guernica de Picasso siente de inmediato los efectos de perversa destrucción que origina la guerra. 

El arte no es patrimonio de nadie. Algunas personan lo eligen como oficio y camino de realización vital. Otras manifiestan desde jóvenes un especial talento. Pero todos podemos disfrutar la posibilidad de crear y expresarnos artísticamente. Danzar, cantar, escribir son necesidades tan vitales para el hombre como lo son el comer y el dormir.

Quien se anima, sin haber estudiado ninguna regla de la plástica, a tomar un pincel y transformar un enojo en colores; quien se atreve a soltar al vuelo una alegría danzando; quien alivia su tristeza cantando; quien declara su amor escribiendo unos versos o quien calma la angustia de un niño contándole un cuento puede confirmarlo. 



Por Lic. Susana Ditone




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