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Por Lic. Leticia R. Cohen - Contáctese                                                                                    


Mujer y Sexualidad


¿Cómo es tu vida sexual? ¿Te cuesta conversar con tu pareja sobre las relaciones sexuales? ¿Le ocultas que no tenés orgasmo? ¿Te gustaría que te estimulara sexualmente de otra forma pero no te animás a decírselo? ¿Le decís que no tenés deseos y que en ocasiones lo hacés para complacerlo o para no discutir o porque de alguna manera así debe ser? ¿Te gustaría que hicieran cosas en la cotidianeidad o que revisaran aspectos de la relación de pareja lo que redundaría en una mejor sexualidad? ¿Le comentás acerca de los cambios en tu sexualidad que sentiste durante el embarazo, después de los partos, durante la lactancia, en diferentes momentos de crisis o situaciones difíciles, alrededor de la menopausia? ¿Te animás a hablar de tus fantasías sexuales? ¿Tienen vos y tu pareja información al respecto de todo lo que incluye la sexualidad? 

Estas y otras preguntas-conflicto rondan en el pensamiento de muchas mujeres, pero quedan silenciadas o dirigidas en ocasiones al lugar equivocado. Es habitual que la consulta ginecológica o psicológica al respecto de temas sexuales no de las respuestas adecuadas, no por falta de voluntad sino por desconocimiento profundo del tema; ya que la Sexualidad Clínica es, hoy en día, una especialidad. Esto lo exponemos porque es la realidad clínica, vienen muchísimos consultantes, tanto hombres como mujeres, planteando su conflictiva sexual y al indagar sobre consultas anteriores expresan que consultaron en Ginecología las mujeres, en Urología los hombres o en Psicología ambos y que supieron que su salud en general está bien y/o atendieron algún síntoma orgánico y/o que resolvieron otros problemas, pero no el sexual específico.

También la respuesta inapropiada proviene de los comentarios de amigas o en reunión de mujeres (si sale el tema). Lo que es común escuchar es que a todas les va de maravillas y esto se debe a que no es fácil hablar de la sexualidad que duele o que enoja o que se teme o que no se desea, etc., por lo tanto, se dice lo que no es o lo que se desearía que fuera, porque da vergüenza, porque "me van a mirar mal" o "qué van a pensar de mí que soy una mujer exitosa", entre otras cosas.

Venimos de una cultura en la que la mujer jugaba un papel pasivo en la vida sexual y toda manifestación que pusiera en evidencia algún atisbo de deseo o placer en relación al sexo debía ser reprimida porque así lo exigía la moral imperante. El sexo era solamente moralmente admitido para engendrar hijos y en el mejor de los casos tolerado para el placer del varón. Una mujer que demostrara placer o deseo corría el riesgo de ser tomada como de vida dudosa, pues esas manifestaciones eran consideradas propias de una prostituta.

Las creencias y aprendizajes de siglos quedan flotando en los sustratos culturales y se transfieren de un tiempo a otro más o menos modificados dejando su marca en cada individuo más allá o más acá de lo personal de cada uno. Es decir, dejaron sus huellas en la cultura de nuestros días porque nadie ignora que hablar de sexualidad con los hijos resulta algo incómodo (esto se observa claramente en la consulta psicológica de padres, ya sea de niños o de adolescentes) y muchas veces también con la pareja, (lo que aparece en la consulta sexológica cuando el hombre dice que no lo habló con su mujer y viceversa). También hay parejas que consultan, ya sea por problemas de él o de ella, se acompañan en la dificultad y buscan juntos la solución.

Hoy en día todavía hay hombres que no practican con sus parejas ciertas formas de relación sexual que les resultan placenteras y que también lo serían para su mujer, porque consideran que ella es su esposa y la madre de sus hijos y no una prostituta ( quizás recuerden en la película Analízame cuando el protagonista -lo que expongo es el concepto no es textual- le dice a su psicoanalista que cómo va a hacer ciertas cosas sexuales con su mujer que es la madre de sus hijos, para eso tiene una amante, "para esas cosas") como así también hay mujeres que no se animan a pedir caricias o formas de tener sexo que les gustaría por temor a ser mal miradas por su pareja. Así mismo encontramos muchas mujeres casadas para las cuales el sexo es una obligación matrimonial y a pesar de no experimentar deseo ni orgasmos ni placer alguno, fingen para no defraudar a su pareja, en lugar de hablar francamente del problema.

Las alternativas mencionadas dejan en claro que muchas mujeres no han tenido una información más precisa y veraz sobre la sexualidad en ninguna etapa de sus vidas, por otra parte se sabe que la gran mayoría de ellas recibieron e intercambiaron información sobre la sexualidad a través de amistades de su edad en la época de su pubertad.

Hay literatura al respecto de la sexualidad, pero pareciera que no se sabe, no se indaga, no se busca o hasta puede dar vergüenza ir a la librería y pedir libros sobre sexualidad, está presente el "qué van a pensar de mi" en muchas ocasiones. Como vemos, sexo sigue siendo un tema tabú y degradado en nuestra cultura.

La sexualidad es inherente al ser humano como tal, y se manifiesta desde el útero hasta nuestra muerte. Nacemos en la sexualidad de nuestros padres, crecemos en la sexualidad de nuestra madre cuando lactamos y nos proporciona los cuidados más tempranos, nos vamos desarrollando en la sexualidad cuando atravesamos las distintas etapas de nuestro crecimiento evolutivo. Tenemos un florecimiento de esta sexualidad en nuestra edad media y vamos enriqueciéndola a través de nuestro andar por la vida de diferentes maneras.

La genitalidad forma parte de la sexualidad y es lo relativo a la anatomía y su función en el hombre y la mujer, y su propiedad es la capacidad de procrear sin desmedro del placer que la acompaña.
Téngase en cuenta que para procrear, desde lo anatómico, es necesario y suficiente un aparato y una función genital adecuados, en cambio para gozar de una buena sexualidad, no es condición necesaria ni suficiente la función genital. Es decir, se puede disfrutar del placer erótico de la sexualidad sin tener en cuenta lo genital, de esto dan prueba personas discapacitadas que tienen dañada su genitalidad o padecen disfunciones o limitaciones en su cuerpo que no les permiten hacer uso de su genitalidad y sin embargo pueden gozar del placer sexual.

Tampoco hace falta ir al extremo de la discapacidad o de las enfermedades que impiden un despliegue sexual adecuado; muchas personas saben y han experimentado que en el encuentro con el otro, el disfrute de la sexualidad está presente de muchas maneras tanto en la cama como fuera de ésta. Si nos flexibilizamos para ampliar la comprensión, desarrollar nuestra creatividad, informarnos adecuadamente, aggiornar los sistemas de creencias y brindar todos los días los cuidados que requiere la semilla que plantamos cuando armamos una pareja, lograremos reencontrarnos con una sexualidad plena de posibilidades.

Por Lic. Leticia R. Cohen




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