Artículo


Por Leonardo José Glikin - CAPS - Contáctese con Nosotros

Socias y familia

Alicia y Susana las pasaron todas, como socias de una empresa productiva:
"Da lo mismo una empresa siderúrgica que una fábrica de caramelos", dijo algún ministro de economía.
"El que apuesta al dólar, pierde"; dijo otro.
También escucharon, en directo, aquellos slogans que marcaron épocas: "cada cual en lo suyo, defendiendo lo nuestro", o "la casa está en orden", o "síganme, no los voy a defraudar".
Alicia y Susana ya cumplieron más de veinte años como socios. Hoy, como ayer, dicen en conjunto la misma frase: "no se sabe qué va a pasar".
Y tienen razón. En general, no se sabe qué va a pasar. Por definición, el futuro es una incógnita que sólo se devela con el paso del tiempo.
Y si "todo tiempo pasado fue mejor", como se dice nostálgicamente, podríamos imaginar que "todo tiempo futuro será peor".
Lo que es seguro es que no podemos manejar el tiempo, pero, en cambio, podemos controlar algunas variables.
Por ejemplo, Alicia y Susana podrían pensar en el futuro de su empresa. Pero no sólo el futuro inmediato, sino también el largo plazo. Y hacer planes de crecimiento, pero también incluir, como variable, que las cosas no mejoren, y, alguna vez, haya que presentar un concurso preventivo.....o liquidar la empresa.
Pero también puede ocurrir que la empresa prospere, pero que alguna de las socias, repentinamente o no, deje de estar.
En esos casos, vale preguntarse: ¿podría Alicia compartir la empresa con los hijos de Susana? ¿podría Susana tener como socio al esposo de Alicia?

La experiencia indica que hacer un lugar en la empresa a los herederos o al cónyuge de uno de los socios es, muchas veces, una experiencia traumática, de pronóstico reservado:
Puede ocurrir que los hijos de una socia vengan con nuevas ideas.... pero que sean totalmente inaplicables en el contexto de la economía real, o contrarias a las tradiciones, la cultura y la preparación de la empresa.
También puede ocurrir que, fallecido alguno de los socios, los hijos no quieren ocuparse de la empresa. Entonces, delegan la administración en el socio que sobrevive, pero sospechan permanentemente que lo que están recibiendo mensualmente, es menos de lo que les debería corresponder.
En algunos casos las dificultades se agudizan: en particular, cuando quedan hijos menores, el Juez de la sucesión y el Defensor de Menores tienen una ingerencia muy activa en la marcha de los negocios. 
Formar parte de una sociedad implica un enorme trabajo de adaptación, de conciliación y de tolerancia permanente. Un socio, o una socia, se elige. A los herederos del socio o la socia, no.
Tanto las personas como las empresas tienen un ciclo vital. Sin embargo, suele hablarse de nacimientos y crecimientos, pero no de la decadencia, o la sucesión en la empresa.
Cuanto antes encare una empresa su proceso de sucesión, hay mayores posibilidades de que pase a la generación siguiente de manera no traumática. 

Preparar la sucesión implica: 

1.- Fijarse objetivos de tiempo para que la sucesión se produzca.

2.- Elegir a las personas que debe entrenarse para ocupar los cargos de dirección. 

3.- Tomar en cuenta el impacto que ello puede provocar en la familia, y, en consecuencia, compensar de una 
manera adecuada a aquellos herederos que no permanezcan en la empresa.

4.- Consensuar las elecciones con los socios restantes.

5.- Establecer un plan de emergencia, para el caso de que una enfermedad o un accidente obliguen a acelerar los tiempos de las decisiones adoptadas.

6.- Eventualmente, y en caso de advertir que no sería factible incorporar a los hijos, o al cónyuge, sea por falta de vocación de ellos, o por una situación potencialmente conflictiva con los otros socios, es necesario planificar la salida de la empresa. Esa salida se puede efectivizar a través de la venta a un tercero, o a través de un acuerdo, con los mismos socios, por el cual, quienes sobrevivan, se comprometen a adquirir la parte del socio fallecido, abonando a los herederos una suma pre-establecida. Esta clase de acuerdos es muy habitual en los países de Europa y Estados Unidos, y lleva el nombre de "buy and sell agreement", o acuerdo de compraventa empresaria, y, habitualmente, se diseña con el acompañamiento de un seguro de vida cruzado (es decir, se aseguran todos los socios, pero la Compañía sólo va a indemnizar las primeras muertes), que dota a los socios sobrevivientes de la liquidez necesaria para adquirir la parte del socio fallecido. 


Poder hacer esta clase de contratos implica revisar los propios compromisos familiares y empresarios. 
El gran beneficio, visto desde la sociedad, consiste en que cada socio va a gozar de la seguridad de que no va a tener que permanecer asociado con quienes no eligió; visto desde la familia, el beneficio consiste en no quedar atados a un proyecto empresarial que, para cónyuge e hijos, puede resultar incontrolable.
En síntesis: a partir de imaginar el futuro, es posible prever las situaciones de potencial conflicto, o las dificultades con las que nos deberemos enfrentar. En muchos casos, al visualizar esas realidades estamos en condiciones de encontrar las herramientas más adecuadas, y en consecuencia evitar problemas para nosotros, para nuestros seres queridos y para nuestros emprendimientos.




Por Leonardo José Glikin, abogado, especialista en Planificación Patrimonial, Presidente del CAPS, Consejo Argentino de Planificación Sucesoria. Autor de los libros "Matrimonio y Patrimonio" y "Pensar la Herencia" - www.caps.com.ar

Los artículos publicados en el portal son de exclusiva propiedad de los autores que firman al pie de cada uno de ellos. Mujerynegocios.com no realiza ningún tipo de control en cuanto a la veracidad y/u originalidad del contenido de las obras, siendo ambas cosas responsabilidad única y exclusiva de los autores.