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Por Dra. Ana María Bidondo - Contáctese con Nosotros

El mandato del "portarse bien" en el origen de las fobias

Hace unos días, caminando a la par de una mamá con su pequeño hijo (de alrededor de tres años), escuché este monólogo (el niño, por su edad, impedía que fuera un diálogo).

- Me dijo la seño que le pegaste a Marcelito. No le tenés que pegar, es tu amiguito. Tenés que ser bueno y portarte bien. No lo hagas más.

El nene escuchaba. No sabemos si entendía las palabras, aunque sí sabemos que las entenderá. Tanto su mamá como sus maestras se las repetirán hasta el cansancio. Finalmente, el pequeño comprenderá que no hay que pegarle al amigo, a pesar de que su golpe fue en respuesta a otro -del amiguito- en una actuación naturalmente defensiva; porque en su aparato psíquico se habrá inscripto que defenderse significa portarse mal.

Que una maestra reconvenga a su alumno es lógico. Se trata de la tarea disciplinaria en el ámbito escolar y un objetivo de la sociedad en la que nos desenvolvemos.
Que una madre o un padre se asocien con la maestra es fatal. Se trata de una conspiración al servicio de someter al niño a la agresión de los otros y una dura prueba para los afectos hostiles de la criatura. 

La agresión es la materia de la que estamos hechos… "es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego" … expresa Borges en "Otras inquisiciones". 

La agresión está al servicio de la autoconservación, obedece a la raíz más instintiva y sirve para defenderse. El ser vivo está dotado de un componente agresivo para poder subsistir en los tiempos de máxima indefensión. ¿Y cuál es el ciclo de máxima indefensión? La infancia, la adolescencia.
La agresión recién se empezará a neutralizar (mezclar) con los afectos amorosos en los albores de la segunda infancia (al ingresar en la escuela primaria), aunque siempre existe un monto de agresión indispensable para vivir. 

La agresión libre tiene varios destinos. Mediatizada por los vínculos paterno y materno y por una capacidad innata del infante, se sublimará permitiendo el apoderamiento de las situaciones (escolares, deportivas, amistosas, artísticas) de todo crecimiento armónico. Quedará libre en las conductas agresivas innatas. Se volcará hacia el cuerpo generando enfermedades. Se sofocará (represión) para dar lugar a las tan renombradas fobias, afección psíquica fuente de las mayores inhibiciones de la personalidad. Padecimiento que le impedirá al niño (al adolescente y al adulto en que luego se convierte) la participación activa en la vida. 

El niño del ejemplo en el mejor de los casos será un buen compañero; aunque tras esa cualidad podría ocultarse su aislamiento, su ansiedad, su temor y su fuga al universo de la fantasía, en detrimento de su contacto con la realidad. Situación que se acrecentará en la adolescencia, un ciclo que se caracteriza por la tormenta instintiva de la sexualidad. Las drogas, el alcohol, las conductas compulsivas, el ejercicio de la violencia encubierta son los avatares de la agresión que se sofoca. Y lo que es más doloroso aún, que estos cuadros propiciados por el carácter pasivo del adolescente serán aprovechados por los manipuladores de siempre hasta el hartazgo. Y ese joven, ese adulto (que contiene adentro al niño que "se portaba bien") tendrá miedo a todo. 

Expuesto por su incapacidad para defenderse, por mandato materno-paterno, sentirá que el mundo es peligroso y frente a cualquier situación nueva, responderá con el ataque de pánico, que en buen castizo representa a la fobia.

Canalizar la agresión para que se convierta en algo benéfico, neutralizarla es una tarea de los padres; del vínculo que liga al niño con su entorno y de circunstancias que provienen de la herencia familiar, que se hace necesario revisar. Y también de la tolerancia de los adultos hacia los comportamientos agresivos de niños y adolescentes. Saber que al infante le es imposible "portarse bien" es un factor a tener en cuenta; pretender que la escuela -el lugar en donde se manifiesta lo vivenciado con las figuras parentales- eduque es una verdadera utopía. La educación no es una fuerza que modela de afuera; así entendida puede convertirse en un sistema opresivo, que sólo genera más agresión aún. La educación es una organización que proviene del interior del psiquismo, a partir de vínculos en los que abunde la confianza en desmedro del sometimiento. 
La fobia significa en última instancia miedo a vivir, la pretensión que un niño se "porte bien" contiene en su interior un mensaje peligroso. 


Dra. Ana María del Pilar Bidondo. Médica Psicoanalista. Miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina
 (APA) y Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA) 
Te. (011) 4. 824.1031

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