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Por Miriam R. Romero -  Docente de Comercio Exterior - Contáctese


Cuando el éxito de un buen negocio depende del lenguaje en común:

Tanto emprendedores como experimentados productores y comerciantes saben que el centro del mercado de oferta y demanda es obviamente el producto a comerciar. El es evidentemente la estrella. 

Ya sea que se trate de materias primas o de mercaderías semielaboradas, o de manufacturas de alta tecnología, o de artículos presentados desarmados, incompletos, sin terminar o en conjunto con otros, será necesaria una descripción clara y específica del mismo para que sea identificable para los comerciantes, los servicios aduaneros y otros organismos intervinientes. De la correcta identificación del producto por parte de quienes deben manipularlo física o documentalmente, surgirán los tributos, derechos o beneficios que le correspondan en ocasión de la compra/venta internacional.

No cabe duda que un estudio de mercado es una gran tarea de buceo táctico cuyo escenario es el mundo, hasta donde se desee llegar, con sus consabidas dificultades.

Establecer la relación comercial, seleccionar la empresa de transporte y la condición de la operación también determinan el logro del negocio que todos esperamos concretar. Pero como dijera anteriormente, el producto es el centro de la cuestión. Y con el fin de identificarlo correctamente y bajo un mismo código numérico, de modo que hablemos de la misma cosa en cualquier lugar del mundo sin limitaciones y conceptualisaciones de expresiones idiomáticas por la idioscincracia de los países involucrados, se dispone a nivel internacional del Sistema Armonizado de Designación y Codificación de Mercaderías, basado en la Nomenclatura de Bruselas creada por el Consejo de Cooperación Aduanera de 1950-

De la codificación asignada según la naturaleza, especie, género, tipo, principio de funcionamiento, aplicación, etc, dependiendo del producto de que se trate, surgirán la tributación aplicable, las prohibiciones o las intervenciones de organismos extra-aduaneros correspondientes y los beneficios a la exportación, si se tratase de mercaderías de venta al exterior.

Surge de lo antedicho el por que es tan importante ubicar e identificar las mercaderías en el código que real y únicamente lo describe. A este proceso de conectar el producto con su código identificatorio en el Sistema Armonizado se llama CLASIFICAR.

Cuando un producto es correctamente clasificado, todos los impuestos o aranceles que pague en ocasión de su comercialización exterior serán los que realmente le correspondan, así como la aplicación de prohibiciones en caso de que existan, o la intervención de organismos de control simultáneo al aduanero como el RENAR en caso de armas, el INAL en caso de alimentos, el ANMAT en caso de medicamentos, etc.

Indudablemente el intercambio comercial de mercaderías le abre al mundo empresarial y profesional un campo de especializaciones diversas, y de servicios insustituibles tales como el packaging y los medios de transporte, por mencionar los que creo mas relevantes. Pero sin duda, todo gira alrededor del objeto a comercializar. Ese producto, para no convertirse en la razón de posibles inhabilitaciones, suspensiones de firma, multas fiscales o sumarios, debe estar correctamente clasificado al momento de su despacho y ser así una fuente de grandes logros económicos para productores y empresarios en general.

Por Ing. Miriam R. Romero
Funcionaria de la D.G.A. - Docente de Comercio Exterior
Ex asesora de Electricidad y Electrónica - DGA

 

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