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Sobre el Estrés y el Valor en las Pequeñas Cosas de la Vida - Parte I

¿Qué entendemos por estrés?
Hace muchos años la palabra stress solo pertenecía a la lengua inglesa, luego pasó a ser parte de la lengua española, ya que comenzó a incorporarse a la vida cotidiana y se convirtió en "estrés", cuyo significado literal es: "esfuerzo, violencia".
También se utiliza la acepción estrés cuando se quiere referir a aquello que implica una exigencia mayor a las posibilidades que cada uno tiene.
El estar estresado se relaciona con el desborde anímico, emocional y físico. El pensamiento no para, hay un incesante parloteo mental, reiterativo, obsesivo, no hay capacidad de generar espacios de silencio mental, no solo durante la vigilia sino también en el momento del dormir. Hay un trabajo permanente del cerebro, del sistema nervioso, cuya base de pensamiento es: "debo…", "hay que…", "tengo que…"; no hay capacidad de descanso, de relajación y es común que este estado se asocie con el insomnio.
Existen diferentes causas que generan estrés. Puede existir el estrés laboral, el que surge a partir de una enfermedad, por haber vivido una situación traumática, el generado por el dolor frente a la pérdida de un ser querido, por una separación afectiva, por el sufrimiento debido a la incapacidad de vincularse bien afectivamente con seres queridos (hijos, pareja, amigos, familiares, compañeros de tarea).

¿Porqué uno se estresa frente a la actividad laboral?
En general se toma la tarea, no desde el disfrutarla, sino como una obligación a llevar a cabo, como solo la posibilidad de concretar objetivos. Cuando hay estrés no existe el mientras tanto, lo importante es el fin y no cómo llegar a ese fin. Siempre hay un afán, el afán del reconocimiento por parte de los otros, ya sean éstos jefes, clientes, pacientes, compañeros de tarea y también el propio afán frente a uno mismo al querer concretar el objetivo a la perfección.
Si en uno no existiera la ansiedad y el miedo a no hacer las cosas bien, a lo que el otro va a decir o pensar acerca de lo que uno hace o no hace, no habría la exigencia y por lo tanto el esfuerzo frente a la tarea a realizar. Muchas veces no es el trabajo en sí lo que estresa sino la actitud que se pone frente a él.
La propia exigencia está íntimamente relacionada con el estrés, exigencia por querer absorber demasiadas cosas a la vez y porque después de las 8 horas de trabajo que han sido muy intensas, se sigue pensando y queriendo resolver en otros ámbitos los problemas relacionados con lo específicamente laboral. Uno no solo trabaja en el entorno relacionado con la actividad propia del trabajo sino que sigue y sigue elucubrando, sobre todo lo relacionado con dicha actividad, generando aún más la mecanicidad de la mente.
Se está en la casa conversando con los hijos o la pareja, cocinando, lavándose los dientes y en lugar de escuchar al interlocutor y estar atento a lo que se hace se sigue pensando y pensando en la tarea específica del trabajo.
Cuando el pensamiento no para, la mente se mecaniza y esta mecanicidad quita sensibilidad y capacidad de comprensión.

¿Qué es lo que a uno le impide desconectarse?
Conocer los mecanismos de la mente, es darnos cuenta que somos en general, obsesivos y tenemos una mente repetitiva y mecánica. No utilizamos el pensamiento para lo factual, para saber cómo ir de un lugar a otro, para escribir sobre un determinado tema, para aprender un idioma, pensamos mecánicamente en lo que pasó y en lo que va pasar, en lo que me dijo y en lo que voy a decirle…, en lo que debería hacer y en lo que no debería hacer…, este exceso de pensar agota y es el causante que nuestras funciones corporales se desequilibren y disminuya la potencia física, psicológica y terminemos, en general, a las 5 de la tarde ya sin energía.
La falta de confianza en uno mismo y la propia inseguridad personal hacen que se siga pensando y pensando, creyendo erróneamente que al pensar se van a encontrar soluciones y alivianar la ansiedad.
Uno piensa mucho más de lo que es necesario porque teme, teme no poder realizar exitosamente la tarea asignada y siente que tiene que dar un examen frente a uno mismo y a los otros.
Podríamos decir que el estrés es el producto de una mente mecánica que no puede parar y que está ansiosa queriendo encontrar resultados inmediatos.
También es real que en el mundo en que vivimos, existe un apuro por realizar cualquier tipo de tarea, se vive cada una de las acciones de la vida, con una fuerte aceleración. Hemos perdido la capacidad de esperar, hacer y actuar con lentitud, hay un sentido de urgencia y de rapidez, que va en detrimento de la calidad de vida en todos los aspectos, desde la propia salud hasta los vínculos afectivos.
Cuando las tareas se realizan lentamente, sin apuro la mente y el pensamiento se aquietan y en esta quietud es posible generar en uno mismo una tremenda energía y con esa energía, uno puede restablecer su condición física y encontrar respuestas a los desafíos de la vida cotidiana.
Muchos podrán decir que el nivel de exigencia externo en sus trabajos les genera estrés, porque les piden 12 ó 13 horas de actividad o abarcar más y más sin la ayuda necesaria y que esto lo tienen que aceptar porque va más allá de la propia voluntad. Vale, entonces preguntarse:
¿Porqué se aceptan trabajos en condiciones que no son normales?
¿Porqué si el propio límite son 8 horas de trabajo, se acepta trabajar 12 horas?
¿Porqué si se pueden solamente hacer 3 escritos por día se hacen 5?
¿Porqué si se pueden atender sólo 5 pacientes, se atienden 10?
¿Porqué si se puede gerenciar a 20 empleados, se acepta hacerlo con 30?
Y así tantos ejemplos más…
Cada uno conoce sus razones y éstas no están afuera de uno mismo. Nadie nos pone un revólver en el cuello para que hagamos lo que hacemos, son siempre elecciones personales de vida, que si quisiéramos encontraríamos la solución al problema.
Sucede que en cada decisión está el miedo, el miedo a quedarse sin empleo, a no tener el suficiente dinero, a querer más de lo que es posible tener, a querer más de lo que puede la propia capacidad humana. Pareciera ser que no confiamos en que al poner orden en la vida, al tomar la decisión que haga prevalecer al ser humano, es decir a uno mismo, a lo que es justo para uno y para la vida misma, esto irá permitiendo que las puertas se vayan abriendo y aparezcan las soluciones que satisfagan las necesidades reales de cada persona.
Existe la desconfianza en uno mismo, en la vida y uno se hace eco de la exigencia externa aceptándola resignadamente por la misma desconfianza que uno se tiene a sí mismo.
La exigencia es esfuerzo y el esfuerzo y el querer dar más de lo que se tiene y se puede, enferma. El estrés enferma. Cualquier máquina que trabaja más de lo que su posibilidad puede dar, un día se rompe y necesita reparación y a veces hasta ya no sirve más porque es imposible repararla.
El cuerpo y la mente funcionan con un límite natural, si ese límite se sobrepasa, ocurren problemas. Por eso lo importante no es no estresarse sino entender porqué uno se estresa, se esfuerza, se pasa de revoluciones, se desborda, porqué se quiere dar y hacer más de lo que se puede.
Es también importante el entender que atrás del estrés laboral, además del miedo y la desconfianza, en muchos casos está la ambición, no solo la relacionada con generar dinero, sino la de ser reconocido y valorado.

¿Nos damos cuenta del peligro que hay detrás de una actitud estresante?
Mucha gente hace tareas muy nobles, como atender enfermos, asistencia social, educar niños, ayudar a desamparados, defender inocentes, cuidar el medio ambiente y también se estresan. Esto es muy común entre políticos y personas que supuestamente bregan por el bien común. El estrés debido a la actividad que uno desarrolla, está vinculado con el esfuerzo y la exigencia y éstos con el miedo a la opinión de los otros y al juicio que uno tiene consigo mismo, una tarea que se relaciona con un servicio a los demás implica un desinterés a la opinión externa y surge desde el corazón, sin la exigencia y sin el esfuerzo. Cuando está el estrés en dichas tareas es porque entonces es más importante uno mismo que la tarea solidaria que se realiza.

CONTINÚA EN PARTE II

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